El tipo de cambio argentino vio un freno en su alza a mediados de julio, tras una estrategia del Banco Central que busca contener el dólar cerca de los $1.500. Después de subir más del 5% en junio, el peso ahora avanza 0,7% este mes, según datos de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. El Central aplicó medidas de intervención en el mercado cambiario, como aumentar la oferta de futuros y ofrecer instrumentos de cobertura para desviar la demanda de inversores.

La estrategia se enmarca en una expectativa de menor inflación en el mediano plazo, algo que algunos analistas de la City ven como una oportunidad para reabrir el carry trade. Este mecanismo, que consiste en invertir en monedas con menor riesgo (como el dólar) y aprovechar diferencias de tasas de interés, había perdido fuerza tras la crisis cambiaria de 2022. Ahora, con el mercado local mostrando signos de estabilidad, vuelve a ser considerado como una herramienta viable para ganar diferencias.

Además, el Central redujo las compras en el MULC (Mercado Único de Cambios), donde apenas se quedó con US$290 millones en las primeras ruedas del mes, muy por debajo del promedio del primer trimestre. Esto sugiere que la autoridad monetaria prioriza la oferta de instrumentos de cobertura sobre intervenciones directas. En paralelo, el Índice de Expectativas del REM (Registro de Expectativas del Mercado) muestra que los economistas proyectan una inflación por debajo del 2% para junio, lo que alimenta la idea de una posible normalización de la política monetaria.

La semana pasada, el Gobierno autorizó la emisión de bonos Lelink por hasta u$s 1.000 millones, una medida que le da al BCRA mayor flexibilidad para manejar el mercado. Este anuncio, junto con la reducción de intervenciones directas, señala que el dólar seguirá siendo una de las anclas para el año. Los analistas coinciden en que, aunque la incertidumbre persiste, el entorno global y la mejora en la demanda estacional podrían permitir una mayor estabilidad en el tipo de cambio.

La combinación de herramientas del Central, la proyección de inflación baja y la autorización de nuevos bonos sugiere que el dólar podría estabilizarse alrededor de $1.500, abriendo espacio para estrategias como el carry trade. El escenario indica que la política monetaria sigue ajustándose a la realidad económica.

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