Boca cerró una semana de crisis con un nuevo tropiezo, esta vez en el estadio Guillermo Laza, donde el arco abrió más de lo esperado. El partido contra Riestra no solo fue una derrota, sino un aviso de los desafíos que enfrentará en el torneo Sudamericano. Rodolfo Arruabarrena, técnico del club, no ocultó su frustración: «El que los pone soy yo y que no se saquen, voy a contar con los que se queden». La frase resalta el peso de la responsabilidad y la urgencia de solucionar los nodos que se han formado en la plantilla.

El arco fue el primero en marcar la diferencia. Álvaro Montero, el colombiano que supuestamente resolvió el tema del portero, no logró contener los tres tantos locales. Aunque los errores defensivos generaron situaciones de peligro, el arquero podría haber hecho más. En el tercer gol, un contraataque de Díaz le puso en aprietos, y su reacción fue crítica. «Más allá de la categoría con la que definió, fue poco dúctil», apuntó un analista. La molestia muscular que lo dejó fuera del partido eleva las dudas sobre su disponibilidad para el choque de vuelta de la Sudamericana. Si no puede jugar, Leandro Brey podría ser la opción, algo que ya había sido cuestionado por su falta de experiencia.

La continuidad de los suplentes fue otro factor. El técnico habló de «ni tres días de recuperación», lo que implica un riesgo de sobreentrenamiento y fatiga. En la Bombonera, los cambios no se ajustaron al ritmo del partido, y algunos jugadores que entraron no lograron conectar con el esquema. «La actitud de algunos fue fuera de contexto», señaló Arruabarrena, refiriéndose a episodios donde el compromiso no fue total. En un torneo que exige profundidad y consistencia, esas fallas pueden costar caro.

La necesidad de un delantero de referencia se agudizó. A pesar de la llegada de Díaz, su rendimiento no fue suficiente. El equipo sigue buscando un «9» que pueda liderar el ataque y generar peligro desde el primer minuto. Mientras tanto, la presión se acumula: el partido contra O’Higgins, el viernes en Rancagua, será un cruce de caminos. El plantel no tiene margen de error, ya que un mal resultado podría poner en jaque los planes para el Clausura.

La derrota ante Riestra no solo expuso fallas técnicas, sino también la urgencia de mejorar la mentalidad del plantel. Con el partido crucial contra O’Higgins a la vuelta de la esquina, Boca tendrá que resolver estos problemas antes de que sea demasiado tarde.