El Tribunal Supremo de Brasil ordenó este lunes que Flávio Bolsonaro, precandidato presidencial de la derecha, no pueda visitar a su padre, Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria. La restricción, válida durante 90 días, incluye la primera vuelta electoral del 4 de octubre, según el fallo del juez Alexandre de Moraes. El expresidente, acusado de planear un golpe en 2022, está encarcelado en una residencia desde marzo por problemas de salud. La medida fue impuesta como parte de su juicio, y su defensa tiene 48 horas para explicar si hubo desobediencia.

El hijo de Bolsonaro, senador en el Senado, fue privado de contactar a su padre incluso a través de terceros, incluyendo redes sociales. Sin embargo, el expresidente entregó en persona una carta escrita a mano a Flávio, pidiéndole apoyo en su campaña electoral. El precandidato leyó el mensaje en una transmisión de YouTube, lo que generó controversia. El juez Moraes consideró que la difusión de la carta «puede configurar propaganda electoral anticipada», violando las normas electorales.

La decisión ha sido criticada por figuras de la oposición, como Rogério Marinho, líder del senado, quien calificó la medida como «una clara interferencia en el juego político». Por su parte, el abogado de la precampaña de Flávio, Tracy Reinaldet, destacó que la incomunicación de Jair Bolsonaro es «inconstitucional» y anticipó una apelación. La medida no solo limita el acceso físico, sino que también restringe el vínculo familiar y el apoyo político, elementos clave en un contexto electoral polarizado.

El caso refleja la tensión entre las instituciones judiciales y los actores políticos en Brasil. Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel, sigue en prisión domiciliaria, mientras su hijo intenta consolidar su candidatura en un escenario donde el debate sobre la legalidad del juicio al expresidente divide al país. La decisión del Tribunal Supremo, al tiempo que busca garantizar la imparcialidad judicial, también eleva el riesgo de una confrontación abierta entre el poder judicial y la derecha política brasileña.

La prohibición de visitas entre padre e hijo no solo impacta la campaña electoral, sino que también pone en evidencia la polarización institucional en Brasil, con consecuencias para la democracia y el proceso electoral.