En 2024, el rector de la Universidad Ludovika de Budapest, Gergely Deli, recibió una sorpresa al ser solicitado por un funcionario húngaro para organizar una conferencia sobre el cambio climático que incluiría a Mahmoud Ahmadinejad, ex presidente iraní y acusado de participar en el atentado contra la AMIA. El funcionario le explicó a Deli que la conferencia era una excusa para que Ahmadinejad tuviera contactos en secreto con agentes israelíes. Aunque la universidad podría sufrir daño reputacional, Deli argumentó que era una oportunidad para que dos enemigos de Israel se dialogaran.

La visita de Ahmadinejad a la universidad en 2024 y una segunda en 2025 formaron parte de una estrategia israelí de varios años para convertirlo en un activo de inteligencia, según funcionarios estadounidenses e iraníes que confirmaron el plan bajo condición de anonimato. Para Israel, reclutar al ex líder era una prioridad tan alta que el entonces jefe del Mossad, David Barnea, viajó a Budapest para reunirse directamente con él. El servicio israelí notificó a la CIA sobre los contactos, lo que revela la complejidad de los esfuerzos para integrar a Ahmadinejad en su red de influencia.

La operación se enmarca en la lucha por influir en Irán, donde Ahmadinejad, conocido por su antiamericanismo y negación del Holocausto, sigue siendo un actor clave. Su papel en el atentado de la AMIA lo convierte en un blanco de interés para potencias que buscan manipular su posible regreso al poder. Según fuentes, Israel pagó en secreto dinero a Ahmadinejad para fortalecer su posición, una estrategia que, según algunos analistas, podría alterar el equilibrio de fuerzas en la región.

La revelación plantea preguntas sobre el papel de figuras políticas en conflictos internacionales y la ética de las operaciones de inteligencia. Mientras que la universidad Ludovika no confirmó los detalles, la existencia de este plan subraya la intensa lucha por controlar la política iraní en un contexto de tensiones regionales.

La operación refleja la intensa lucha por influir en Irán, donde Ahmadinejad, acusado de participar en el atentado de la AMIA, sigue siendo un actor clave en la geopolítica regional, pese a su expulsión del poder.