Un mes después del doble terremoto que sacudió la zona norte de Venezuela, Caracas comienza a reanudar su vida cotidiana, aunque el miedo y la tristeza aún marcan el ritmo. El 24 de junio, cuando el sismo destruyó casas y infraestructura, y hoy, en conmemoración del natalicio de Simón Bolívar, la ciudad avanza en la reconstrucción. Los tránsitos se normalizan y los comercios vuelven a abrir, pero en barrios como San Bernardino, El Paraíso y Altamira, la desesperanza persiste. Decenas de carpas siguen instaladas en el oeste de la capital, donde familias que perdieron sus hogares esperan evaluaciones por parte de ingenieros.

La maquinaria pesada avanza en zonas como El Paraíso, donde el doble terremoto decretó la destrucción de cientos de viviendas. Según datos oficiales, 856 edificios sufrieron daños y 190 colapsaron. En el barrio de San Bernardino, una joven comerciante que no quiso revelar su nombre explicó a EFE que «el silencio se hace más pesado cada día». En el este de la ciudad, en Altamira, la lucha contra los escombros sigue sin terminar, mientras autoridades evalúan la seguridad de las calles.

La tragedia afectó a cientos de familias, entre ellas la de Tibisay Farías, una mujer que sufrió una amputación de una pierna el año pasado por una artropatía. En el mes del terremoto, salió de su hogar en silla de ruedas, acompañada por su padre de 82 años, su hermana y su sobrino. Pasaron tres días durmiendo en la calle mientras esperaban que las autoridades determinaran si su vivienda era habitable. «Con cada temblor el dólar va subiendo», bromeó Farías, quien recibió apoyo comunitario, aunque la nostalgia por el pasado sigue siendo palpable.

En la memoria colectiva, el 24 de junio se convirtió en un doble recordatorio: el día del sismo y el aniversario de la independencia. En San Bernardino, algunos vecinos se reúnen en la plaza para recordar a las víctimas, mientras otros siguen en el abandono. La reconstrucción es lenta, pero el esfuerzo por avanzar no se detiene. Las autoridades prometen evaluar 4.000 viviendas en los próximos meses, pero el camino hacia la normalidad aún tiene muchos escollos.

El balance oficial de muertos supera los 5.400, pero el impacto emocional y material sigue siendo profundo. La reconstrucción demandará tiempo y recursos, mientras la comunidad lucha por recuperar lo perdido.