La presidenta de la Asamblea Nacional 2015, Dinorah Figuera, anunció el inicio de una agenda conjunta entre el régimen de Delcy Rodríguez y la oposición a partir del 1° de agosto. El plan, respaldado por Estados Unidos, busca promover elecciones, estabilidad institucional y la recuperación del país, en un contexto marcado por el devastador terremoto del 24 de junio. La decisión surge como un hito inédito en una crisis que ha visto alternar confrontaciones y tentativas de diálogo.

El acuerdo, anunciado en un comunicado difundido en redes sociales, se enmarca en un esfuerzo por superar la polarización que ha caracterizado la política venezolana durante años. La oposición, representada por la Asamblea Nacional 2015, había insistido en que las elecciones son clave para restaurar la confianza en las instituciones. Por su parte, el chavismo, encabezado por Delcy Rodríguez, acordó colaborar bajo la condición de que el proceso sea «inclusivo y transparente», un requisito que el régimen había rechazado previamente.

La negociación tuvo un punto de inflexión cuando Dinorah Figuera viajó a Washington en mayo para reunirse con el hermano de Rodríguez, Jorge, quien entonces era titular de la Asamblea Nacional 2026. La reunión, según fuentes cercanas, fue un primer paso para establecer una mesa técnica que abordara tres fases: estabilización, recuperación y transición. Sin embargo, el terremoto del 24 de junio, que dejó cientos de muertos y miles de damnificados, interrumpió temporalmente los planes, al igual que las tensiones entre los sectores del chavismo.

El anuncio de la hoja de ruta no fue bien recibido por todos dentro del chavismo. Jorge Rodríguez, quien había defendido posponer el tema electoral para priorizar la reconstrucción, criticó la decisión como «una improvisación que ignora la complejidad del contexto». Aunque el hermano de Delcy Rodríguez se mostró en desacuerdo, la presidenta interina insistió en que el proceso electoral es «un reto colectivo» que requiere «cooperación sin condiciones». La tensión entre los hermanos, que ya se había manifestado en discusiones públicas, añade un mosaico de incertidumbre al escenario.

El acuerdo representa un giro en la política venezolana, aunque su éxito dependerá de la capacidad de los actores para superar desconfianzas arraigadas. La agenda, que comienza el 1° de agosto, enfrenta el reto de conciliar intereses políticos con las necesidades de un país en crisis. La reconstrucción del tejido social, sin embargo, seguirá siendo un desafío crucial para la estabilidad a largo plazo.