Cinco personas y un perro usaron ramitas de pino para iluminarse en una cueva hace 14.400 años
En la cueva de Bàsura, en Liguria, un estudio reveló que un grupo de cazadores-recolectores se movió en la oscuridad con ramas de pino, no con antorchas. El hallazgo desafía la imagen tradicional de la tecnología paleolítica, mostrando un método más eficiente y práctico para iluminar cavidades.
El hallazgo en la cueva de Bàsura
La cueva de Bàsura, ubicada en la región de Liguria, Italia, ha sido escenario de una investigación que redefinió nuestra comprensión sobre el uso del fuego en la antigüedad. Desde 2013, el proyecto «Bàsura Revisited» analiza los restos de un grupo de cazadores-recolectores que, hace 14.400 años, recorrió casi 800 metros de galerías subterráneas sin antorchas. La clave del descubrimiento radicó en la identificación de 56 fragmentos de carbón, que revelaron que los humanos no usaron troncos grandes, sino ramas finas de pino silvestre. Esta evidencia contradice la idea de que la iluminación en cuevas era exclusiva de antorchas voluminosas.
El sistema de iluminación paleolítica
El estudio arrojó que las ramas de menos de tres centímetros de diámetro eran suficientes para iluminar un trayecto de dos horas con solo 20 unidades de combustible. Este método era más ligero, generaba menos humo y era más eficiente que las antorchas tradicionales. La elegancia del descubrimiento radica en la sencillez: los humanos aprovecharon las ramas de árboles vivos, una práctica que requiere menos esfuerzo y recursos. La innovación no fue en la tecnología, sino en la adaptación a las limitaciones del entorno, lo que sugiere una inteligencia práctica que superó lo que se creía sobre el desarrollo tecnológico en la prehistoria.
Contexto de la excavación en Bàsura
La cueva de Bàsura fue excavada por primera vez en la década de 1950, momento en el que se asumió que las huellas encontradas pertenecían a neandertales. Sin embargo, datos posteriores, como la datación radiocarbónica, ubicaron las huellas en el periodo epigravetiense, cuando los humanos modernos ya habitaban Europa. Este hallazgo no solo corrigió una suposición errónea, sino que también mostró cómo la tecnología del fuego evolucionó de manera más compleja de lo esperado. En la prehistoria, la iluminación no fue un arte, sino una necesidad supervivencial que exigía creatividad y optimización de recursos.
Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre el uso del fuego en la antigüedad, sino que también resalta la importancia de los detalles cotidianos. La elección de ramas finas sobre troncos grandes refleja una adaptación a las condiciones de la cueva, lo que sugiere que los humanos prehistóricos no solo buscaban supervivencia, sino también eficiencia. La tecnología, en este caso, no fue algo revolucionario, sino una solución elegante para un desafío cotidiano.
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