La cumbre de la OTAN en Ankara fue un escenario de tensión entre Estados Unidos y sus aliados europeos, donde las demandas de Donald Trump chocaron contra la postura de los líderes de la Unión Europea. Durante dos días, el presidente estadounidense insistió en reclamos que incluyeron la posesión de Groenlandia y una supuesta amenaza china en la región, mientras que los europeos rechazaron cada una de sus exigencias. El comunicado final de la reunión subrayó la unidad de la alianza, pero las posturas internas mostraron una fractura abierta.

Trump, quien durante la reunión se quejó de la falta de apoyo de sus aliados para su aventura bélica contra Irán, aseguró que ya no buscaría cambiar el régimen iraní. Sin embargo, los líderes europeos insistieron en que estarían dispuestos a colaborar en una misión naval si hubiera un alto el fuego. Esta postura contrasta con la de Trump, quien durante el encuentro interno se mostró frustrado por la falta de respaldo de sus aliados para sus planes militares fuera del espacio noratlántico.

El conflicto se acentuó cuando Trump acusó a Dinamarca de no cooperar con Estados Unidos en la defensa de Groenlandia, una isla que el mandatario aseguró está rodeada de buques militares chinos y rusos. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió con firmeza: «Defenderemos cada centímetro de nuestro territorio». Esta postura marcó un punto de inflexión en la relación entre Estados Unidos y el país escandinavo, que ya enfrentaba tensiones por la negativa de España a aumentar su gasto en defensa.

A primera hora del miércoles, Trump cortó relaciones comerciales con España tras la negativa del gobierno de Pedro Sánchez a gastar más del 2% del PIB en defensa, un umbral que Estados Unidos exige a todos sus miembros. Esta medida, combinada con críticas duras hacia Alemania, Italia y el Reino Unido, mostró el grado de descontento del presidente estadounidense hacia los aliados. En privado, Trump también criticó la falta de apoyo para su política en Oriente Medio, aunque no logró convencer a la mayoría de sus socios en la OTAN.

La cumbre deja en claro que Estados Unidos y Europa siguen en desacuerdo sobre la dirección de la OTAN, aunque la alianza mantiene su estructura formal. La tensión entre los intereses nacionales y la necesidad de cooperación en temas de seguridad pone en jaque la cohesión de la organización, con consecuencias que podrían afectar futuras decisiones estratégicas.