El viernes por la tarde, centenares de docentes, auxiliares y trabajadores de la educación se concentraron frente a la Escuela Primaria Número 69 de Wilde, barrio de Avellaneda, para exigir protocolos efectivos ante la violencia. La protesta, parte de un paro convocado por SUTEBA, UDOCBA, FEB y AMET, se extendió hacia el Polo Judicial, donde los participantes repitieron la consigna «Las escuelas son territorios de paz. Basta de violencia».

La movilización surgió tras un episodio en la Escuela 69, donde familiares de alumnos ingresaron a la fuerza a la institución, agredieron a directivos y causaron destrozos. Según testigos, el incidente desató una «alerta de inseguridad» que, en los últimos años, se ha convertido en un tema recurrente. «No es solo el alumnado, sino los padres y docentes quienes sufrimos», explicó una docente que participó en la marcha.

El contexto local, sin embargo, amplía la crítica: Avellaneda, distrito históricamente marcado por escándalos de corrupción, vive una crisis de transparencia. La presencia del ex intendente Martín Insaurralde en una red de poder que incluye instituciones legislativas y la Lotería provincial refleja una estructura de influencia que, según los manifestantes, no permite reformas eficaces. «La seguridad en las escuelas es solo un síntoma de un sistema enfermo», señaló un líder sindical.

La protesta se desarrolló bajo el peso de una investigación judicial en curso sobre el incidente de Wilde, pero los participantes insistieron en que la demanda no es política, sino de supervivencia. «No queremos parar el sistema, queremos que funcione sin violencia», concluyó un joven auxiliar de la educación. La tensión entre el distrito y la institucionalidad sigue vigente, ahora en los pasillos de las escuelas.