En 1922, Howard Phillips Lovecraft introdujo en un relato un libro maldito que no existía en ninguna biblioteca. Un siglo después, esa broma privada se transformó en un fenómeno real: sectas que lo veneran, denuncias de plagio entre ocultistas neoyorquinos y una nueva edición en español que recopila casi todas las menciones del Necronomicon en la obra lovecraftiana. La edición, publicada este verano por Duomo Ediciones, reúne 648 páginas de textos y referencias al Libro Negro, ilustradas por Greta Grendel, y no disimula que es una ficción.

La antología, curada por el italiano Giuseppe Lippi, se divide en tres bloques temáticos: el sueño, el mito y el terror. Lippi compara el Necronomicon con otros «libros imposibles» de la literatura, como el «Quijote» de Pierre Menard o «El Rey de Amarillo» de Robert W. Chambers. El volumen actúa como un mapa de todas las veces que Lovecraft citó, de pasada, un libro que nunca iba a escribir. La selección recoge textos de relatos como «El sabueso» (1922) o «Historia del Necronomatón» (1927), donde el escritor de Providence inventó una cronología apócrifa que situó el libro en el Yemen del siglo VIII.

Aunque el Necronomicon nunca existió, su presencia en la literatura lo convirtió en un símbolo de misterio. La nueva edición no solo reúne fragmentos de la obra de Lovecraft, sino que también incluye referencias a autores que lo adoptaron como elemento narrativo, como H.P. Lovecraft mismo, quien lo usó para crear una atmósfera de horror cósmico. Esta reivindicación del libro ficticio refleja cómo las ideas imaginarias pueden adquirir una vida propia en la cultura.

El fenómeno del Necronomicon también tiene raíces en el entusiasmo por la ficción gótica y el ocultismo. Sectas modernas lo consideran un artefacto mágico, mientras que académicos lo estudian como un caso de cómo la narrativa puede influir en la percepción de lo real. La edición española, en particular, resalta el impacto del libro en la literatura latinoamericana, donde el Necronomicon se convirtió en un referente de lo inquietante. Este retorno al libro ficticio demuestra cómo las historias pueden superar sus orígenes para convertirse en parte de una tradición cultural.

La nueva edición del Necronomicon, con sus 648 páginas, no solo recupera una broma de 1922, sino que también refleja cómo la ficción puede adquirir una vida propia, atravesando el tiempo y las culturas. Su publicación en español resalta el interés global por el libro que nunca existió.