El mercado de memorias volvió a encender alertas tras las palabras del CEO de SK Hynix, Kwakk Noh-jung, quien afirmó que el año próximo será el «punto más crítico» de la crisis. La situación, impulsada por la demanda desbordante de chips para inteligencia artificial, deja a usuarios enfrentando precios que superan el 200% de los del 2021. Tres empresas controlan el 90% de la producción global de memorias y, en lugar de priorizar el mercado de consumo, están enfocándose en el sector industrial.

La migración hacia la IA marcó un giro radical. A mediados de 2024, las tres firmas redujeron la producción para celulares, tablets y PCs, redirigiendo recursos a chips de gran capacidad para servidores y datos. «El mundo de la IA requiere memorias que ni siquiera imaginábamos hace cinco años», explicó un ingeniero de Micron en una entrevista. Esta decisión, aunque favorable para las empresas, generó un vacío en el mercado de consumo, donde la escasez ha hecho subir precios y complicar la compra de nuevos dispositivos.

El CEO de SK Hynix, Kwakk Noh-jung, no ocultó que el peor momento está por llegar. «En 2027, la demanda superará a la oferta en más del 50%», aseguró, señalando que la situación no se resolverá antes de 2030. La previsión coincide con declaraciones de Sanjay Mehrotra, director de Micron, quien indicó que su empresa apenas alcanza el 60% de la demanda de sus clientes. «Estamos viviendo un boom sin precedentes», sostuvo Mehrotra, destacando que los gobiernos y empresas están invertiendo millardos en infraestructura para IA, lo que intensifica la competencia por componentes.

Aunque las tres empresas prometen abordar la crisis con nuevas fábricas, la solución tardará. SK Hynix anunció que construirá una planta en Corea del Sur para 2025, mientras que Micron planea ampliar sus instalaciones en Estados Unidos. Sin embargo, como señaló un analista del sector, «las nuevas capacidades no llegarán a tiempo para evitar un apagón de memorias en 2027». Los usuarios, en tanto, deberán adaptarse a un mercado donde el acceso a componentes básicos se vuelve cada vez más complicado.

Aunque las empresas prometen invertir en producción, la crisis de memorias podría extenderse hasta 2030. Los usuarios, por ahora, enfrentan un mercado donde los precios suben y la escasez se normaliza, generando una situación insostenible para el consumidor común.