El cambio climático y la abandono rural han convertido los bosques en polvorines, generando incendios que no solo destruyen ecosistemas, sino que también liberan humo tóxico a cientos de kilómetros. Un estudio reciente respalda una solución inusual: quemar el bosque de forma controlada para crear barreras contra los fuegos.

La técnica, llamada quema prescrita, reduce en un 92% el riesgo de incendios extremos en áreas tratadas. Los científicos aseguran que este «efecto vacuna» dura hasta 10 años y protege un radio de 5 kilómetros. Además, en zonas como California, quemar 500.000 acres anuales podría reducir un 10% las partículas contaminantes en el aire.

Víctor Resco de Dios, forestal en la Universidad de Lleida, explica que los humos de las quemas planificadas son mucho menos dañinos que los de incendios naturales. La clave está en la gestión del combustible: cuando un fuego desbocado choca contra una zona previamente tratada, su intensidad disminuye bruscamente. El fuego pasa de las copas de los árboles al suelo, lo que limita su propagación.

La quema controlada, aunque paradójico, emerge como una herramienta eficaz y sostenible. No solo previene daños, sino que mejora la calidad del aire y protege a comunidades lejanas. La clave está en implementarla con planeación y continuidad.