La ola de críticas hacia Argentina durante el Mundial y tras la final contra España no fue el fruto de una campaña organizada, según un estudio que analizó datos de X. La investigación, realizada por el laboratorio Inteligencia Analítica, reveló que los mensajes antiargentinos se multiplicaron de forma espontánea y sin dirección central. Los investigadores encontraron que la hostilidad fue «real, intensa y masiva», pero su difusión no respondió a una estrategia planificada.

El análisis contó con 587.907 tuits publicados por 325.627 cuentas, acumulando más de 552 millones de impresiones. Entre las personalidades que compartieron críticas se incluyeron figuras como el streamer Speed, la cantante La Rosalía y el actor Samuel L. Jackson. Sin embargo, el estudio subrayó que estas intervenciones no formaron parte de un esquema coordinado. «No encontramos evidencia de una campaña coordinada», destacaron los investigadores, al tiempo que apuntaron que la conversación se expandió de manera «dispersa y orgánica».

La teoría de una acción mediática organizada ganó terreno cuando el presidente Javier Milei sugirió que la crítica contra Argentina era el resultado de un «ataque mediático». En su discurso del domingo, el mandatario vinculó la ola de rechazo con la postura de gobiernos como los de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, quienes apoyaron la crítica en redes. Sin embargo, el estudio desmiente esa hipótesis, señalando que la difusión de los mensajes dependió de la participación espontánea de usuarios.

El análisis también reveló que la mitad de las cuentas que publicaron tuits antiargentinos tenían más de 7,46 años de antigüedad. Esto sugiere que la crítica no surgió de una nueva generación de usuarios, sino de un fenómeno que se extendió a lo largo del tiempo. Los investigadores destacaron que los argentinos, al responder a la hostilidad, contribuyeron a ampliar la exposición de los mensajes, creando un círculo de reacciones que no se ajustó a un esquema premeditado.

La investigación subraya que la viralización de críticas a Argentina no fue el resultado de una campaña coordinada, sino de una conversación global que se amplió por la participación de usuarios. Esta conclusión desafía el relato de políticos que vincularon la hostilidad a un plan mediático, reforzando la idea de que las redes reflejan dinámicas sociales más complejas.