Un caso de grooming que abrió un debate sobre la vulnerabilidad de menores en espacios de entrenamiento.
Ex gimnasta olímpico condenado por grooming: prisión en suspensión y tratamiento psicológico
El ex gimnasta olímpico Federico Molinari fue condenado a un año y ocho meses de prisión en suspensión y obligado a un tratamiento psicológico tras ser hallado culpable de grooming. La sentencia fue dictada por la jueza Correccional de San Isidro, Mariela Quintana, quien también ordenó que se presente en el Patronato de Liberados y fije residencia.
Federico Molinari, ex gimnasta olímpico de 42 años, fue condenado por acoso virtual a una adolescente durante un período de casi dos años. La causa, que involucró el grooming, se inició en 2021, cuando la madre de la menor denunció la situación formalmente en 2023. La instructora fiscal de San Isidro, Gonzalo Acosta, condujo la investigación, que culminó en un juicio donde se debatió si los mensajes intercambiados entre el atleta y la adolescente constituyeron un delito. La jueza Quintana, al finalizar el proceso, impuso una pena de prisión en suspenso, considerando que el delito no requiere internación, pero estableció que el ex deportista debía acudir a un tratamiento psicológico.
La fiscal Gabriela Conde solicitó una condena de 1 año y 6 meses, mientras que la abogada de la víctima, María Emilia García Márquez, exigía 2 años y medio. Por su parte, la defensa defendió la absolución, argumentando que los mensajes no demostraban una intención sexual. Durante el debate, Molinari reconoció haber enviado los mensajes, pero insistió en que la adolescente era «conflictiva» y intentó desviar la atención del caso. Las fuentes judiciales confirmaron que el atleta no negó los hechos, pero buscó minimizar su impacto.
La sentencia incluyó además la obligación de Molinari de presentarse en el Patronato de Liberados y establecer su residencia. Esta medida busca garantizar su supervisión en el futuro, ya que el grooming se considera un delito grave que afecta la integridad psicológica de menores. La abogada de la víctima destacó que, aunque la pena no fue «suficiente», el fallo reconoce la responsabilidad del acusado y envía un mensaje de que «quienes cometen grooming deben responder ante la Justicia».
La denuncia surgió tras un conflicto familiar que involucró a la adolescente y su madre, quien denunció la relación entre el atleta y su hija. La institución educativa donde se desarrolló el caso no se pronunció públicamente, pero el fiscal Acosta destacó que el caso resalta la necesidad de controlar el acceso de adultos a menores en contextos de confianza, como escuelas deportivas. La denuncia también abrió un debate sobre la protección de menores en espacios donde el vínculo entre adultos y niños puede ser percibido como profesional, pero no siempre lo es.
El caso de Molinari resalta la importancia de la vigilancia en espacios donde adultos y menores conviven, y pone en evidencia los desafíos para identificar y sancionar el grooming. La condena refleja una decisión balanceada entre el castigo y la intervención psicológica, pero deja abierta la discusión sobre la eficacia de las medidas actuales frente a estos delitos.
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