En lo que hoy es el desierto del Tarim, en la cuenca del río Kunlun, se encontró evidencia inesperada de un paisaje muy distinto a lo que se ve hoy. Un estudio reciente analizó excrementos fosilizados de animales y restos de carbón de hogueras de la cultura Xiaohe, que habitó la zona entre 2050 y 1350 a. C. Los resultados, publicados en revistas científicas, indican que allí no solo había bosques de álamos, sino también humedales y ríos. El clima de la zona, que hoy registra apenas 20 milímetros de lluvia al año, era significativamente más húmedo hace 4.000 años.

La clave del descubrimiento está en los coprolitos, que son excrementos fosilizados de animales domésticos. Al estudiar su contenido, los investigadores identificaron qué plantas y árboles consumían los animales, lo que revela la presencia de especies vegetales que hoy no existen en la zona. Además, los restos de carbón vegetal encontrados en las hogueras indican que las personas de esa época usaban madera de árboles específicos como fuente de energía. Estos hallazgos confirman que la comunidad prehistórica no solo era sedentaria, sino que dependía de recursos naturales como la pesca, las plantas acuáticas y los pastos, sin necesidad de cultivar la tierra.

Este hallazgo es crucial para entender la evolución del clima en Asia Central. La cuenca del Tarim ha estado sujeta a un clima extremadamente seco desde el Plioceno, pero durante el Holoceno experimentó fluctuaciones entre épocas húmedas y secas. Los datos del estudio permiten reconstruir el paisaje del desierto en una etapa anterior a la aridificación actual, lo que ayuda a modelar el cambio climático pasivo y a predecir posibles transformaciones en el futuro.

La cultura Xiaohe, conocida por sus necrópolis y artefactos elaborados, se ubicaba en una zona que hoy parece inhóspita. Sin embargo, el estudio sugiere que en ese momento la zona era lo suficientemente fértil como para sostener una población estable. Esta evidencia desafía la noción de que las civilizaciones en zonas áridas dependen necesariamente de la agricultura. En cambio, muestra que el aprovechamiento de ecosistemas naturales puede ser suficiente para mantener comunidades durante milenios.

Este descubrimiento no solo cambia la percepción del pasado de la región, sino que también resalta la importancia de estudiar los ecosistemas antiguos para entender mejor los procesos climáticos actuales. La evidencia de bosques y humedales en el Tarim hace 4.000 años abre nuevas líneas de investigación sobre cómo los cambios climáticos impactaron la historia humana en Asia Central.