El anuncio de Meitner Energy, controlada por Hamid Ansari, de una inversión de 1.200 millones de dólares para construir un reactor modular ACR-300 en Atucha se presentó como un hito para el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), cuyo trámite en el Senado sigue pendiente. Sin embargo, detrás de este avance se desencadena una crisis interna en el sector nuclear argentino, que ha sido un pilar de la matriz energética del país.

La comunidad científica y académica denuncia que la privatización de proyectos estatales, incluyendo la investigación y la explotación de uranio, está poniendo en riesgo el modelo de desarrollo nuclear. «Estamos transfiriendo activos estratégicos a empresas privadas, sin garantizar que los beneficios se reinviertan en la Argentina», aseguró un investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), quien pidió reserva de identidad. La crítica se centra en que los nuevos proyectos, como el ACR-300, podrían ser orientados exclusivamente a la exportación, dejando sin financiación las infraestructuras internas.

La situación se agrava con la reducción presupuestaria de la CNEA, que enfrenta partidas un 58% menores que las de 2023 en términos reales. Esta asfixia financiera ha llevado a la desaceleración de proyectos históricos, como la construcción de centrales nucleares y la investigación en tecnologías de vanguardia. Además, el sector expresa preocupación por la participación de empresas extranjeras en proyectos que, según algunos, podrían ser especulativos. «Hay un riesgo de burbuja financiera si los reactores modulares siguen en etapas de desarrollo sin concretarse», alertó un funcionario de la CNEA.

El caso de Javier Milei y su exasesor Demian Reidel añade complejidad a la situación. Aunque el exjefe de Nucleoeléctrica presentó proyectos como «ciudades nucleares» para abastecer la inteligencia artificial en la Patagonia, ninguno se concretó. La desconfianza en la gestión pública se refleja en la pérdida de personal calificado, ya que científicos se mueven hacia proyectos privados por salarios más altos. Este escenario, según los analistas, pone en peligro la independencia técnica del sector y su capacidad de innovación a largo plazo.

La crisis en el sector nuclear argentino se alimenta de la privatización acelerada, la reducción presupuestaria y la falta de transparencia en proyectos públicos. La CNEA, clave en la historia del desarrollo atómico, enfrenta un desafío para mantener su relevancia en un contexto de incertidumbre institucional.