El incidente ocurrió el jueves por la mañana en el vuelo LA2399, que partió de Montevideo con destino a Lima. Según testimonios de pasajeros y reportes de medios, el avión sufrió un fallo en la turbina derecha tras un choque con una ave, lo que provocó una descarga de llama y un flame out —apagado del motor—. La tripulación activó protocolos de emergencia para reducir la carga de combustible antes del aterrizaje, un procedimiento estándar en casos similares.

La Fuerza Aérea uruguaya confirmó que la falla se detectó durante la fase de despegue y que la situación fue manejada “conforme a los protocolos de seguridad operacional”. No hubo heridos ni daños significativos en la estructura del avión, aunque las autoridades aeronáuticas destacaron la gravedad de la situación. El avión quedó temporalmente estacionado en el aeropuerto de Carrasco para revisiones técnicas.

El incidente resalta la vulnerabilidad de los sistemas aéreos ante factores imprevistos, como el impacto de aves en motores. Aunque los accidentes por este tipo de causas son raros, su frecuencia ha aumentado en años recientes, según estudios de la Organización de Aviación Civil Internacional. En Uruguay, donde la fauna silvestre es abundante, este tipo de eventos genera preocupación en la industria aeronáutica. La interacción entre la aviación y la naturaleza es un desafío constante, ya que las aves pueden colisionar con motores a altas velocidades, causando daños que requieren protocolos de respuesta inmediata.

La aviación civil debe reforzar protocolos para mitigar riesgos como los provocados por aves, un factor que incrementa con el cambio climático. Este incidente refuerza la importancia de las medidas de seguridad en vuelos internacionales, incluso cuando la amenaza parece remota. La coordinación entre autoridades aeronáuticas y la comunidad científica es clave para prevenir incidentes y garantizar la seguridad en el espacio aéreo.