El consumo privado en Argentina alcanza niveles récord, representando el 70% del PBI. En el primer trimestre del año, creció 2,7% anual y 0,8% trimestral, superando la cifra de 2017 bajo el gobierno de Macri. Bajo el mandato de Javier Milei, esta tendencia se mantiene con un aumento del 7% desde su asunción. Sin embargo, el dinamismo se concentra en sectores específicos, como turismo, viajes internacionales y compras online, mientras que los shoppings y supermercados enfrentan una caída en visitas y ventas.

Los economistas destacan que el gasto en bienes importados crece significativamente, mientras que el local se desacelera. «Cuanto mayor sea el gasto en bienes importados, menor será la parte del consumo destinada a producciones nacionales», señala uno de ellos. En este escenario, la producción local pierde terreno: en 2025, los argentinos compraron 45,6% menos de autos, 19,5% menos en supermercados y 8,1% menos de electrodomésticos, según datos recientes.

La reorientación del gasto refleja una adaptación a la crisis. La inflación, el desempleo y la volatilidad del peso empujan a los hogares a priorizar servicios accesibles o internacionales. La compra online, por ejemplo, se consolida como una alternativa clave, especialmente en un contexto de baja recaudación pública. No obstante, la debilidad en el comercio local genera un impacto negativo en empleo formal y producción nacional.

La paradoja de una economía en ascenso, pero con dinámicas redistribuidas, pone de relieve la complejidad del modelo argentino. Aunque el gasto privado sigue siendo el motor principal, su distribución cambia: hacia sectores externos y digitales, alejándose de la producción local. Esta transformación exige un reordenamiento de las prioridades económicas, sin resolver la tensión entre crecimiento y crisis.

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