La tecnología de inteligencia artificial está transformando el mundo de los influencers, alejándose de la estética espectacular para abrazar historias que generan conexión emocional. En plataformas como TikTok y Instagram, perfiles como «Paco del Campo» o un joven con síndrome de Down que vende macetas artesanales se viralizan por su capacidad para evocar empatía, no por su apariencia. Estos personajes, creados por algoritmos, han logrado atrapar a millones de usuarios que, sin saberlo, confían en su «realidad» para comprar productos.

El caso de Paco del Campo, un perfil que enseña a elegir sandías o preparar remedios caseros, ilustra esta tendencia. Con más de un millón de seguidores, el personaje se presenta como un «viejo sensei» que comparte consejos prácticos, aunque su identidad es ficticia. En la web de su editorial se anuncia que «Paco del Campo» es una denominación comercial, no una persona. Sin embargo, el engaño no se detecta fácilmente: la combinación de un discurso sencillo, imágenes en tonos apacibles y un lenguaje cercano convierte al perfil en una figura de confianza para muchos usuarios.

Este fenómeno no es aislado. Perfiles como Sofia.saludencasa o Eduardo.holisticovida, que promueven remedios holísticos, comparten una narrativa similar: una voz calida, consejos accesibles y un toque de vulnerabilidad que los hace atractivos. A diferencia de los primeros influencers de IA, que destacaban por su apariencia física, estos nuevos perfiles priorizan el relato personal. Su éxito demuestra que, en un mundo saturado de contenido, la autenticidad emocional puede superar la belleza visual.

La estrategia refleja una evolución en el marketing digital. Antes, las figuras de IA se usaban para promocionar marcas con un atractivo visual claro, como Aitana López, la modelo virtual de The Clueless. Hoy, la tecnología se adapta a necesidades más subjetivas: conectar con el público a través de historias que eviten la superficialidad. El reto, sin embargo, es la responsabilidad: al generar personajes que parecen reales, la IA no solo modifica el consumo, sino también la percepción de lo que significa ser «verdadero» en el mundo digital.

Este cambio marca una nueva era en la influencia digital, donde la empatía reemplaza la estética como herramienta clave. Las empresas que aborden esta tendencia con transparencia podrían ganar ventaja, mientras que las que sigan modelos obsoletos enfrentarán dificultades para mantener la confianza del público. La pregunta es: ¿cuánto tiempo se podrá engañar a los usuarios con relatos que, aunque realistas, son totalmente inventados?