La isla de Sazan, ubicada frente a la costa sur de Albania, fue objeto de un sueño inalcanzable para Ivanka Trump y Jared Kushner. Según su relato, la ex primera dama «encontró» el lugar al nadar desde un barco y caminar «descalza hasta la cima», un viaje que requeriría pies muy resistentes. Sin embargo, la realidad de la isla desafía su narrativa. Las zarzas, minas antipersona y suelo pedregoso convierten el lugar en un entorno hostil, incluso para quienes desean explorar sus playas de guijarros.

El proyecto de desarrollo turístico, que incluiría un complejo de lujo, enfrenta desafíos que van más allá del terreno. Sazan, una antigua base militar italiana, soviética y albanesa, carece de agua potable y no está conectada a la red eléctrica. Su costa alberga maquinaria oxidada y restos de armas, mientras que los senderos están sembrados de señalización que advertía a los intrusos. La isla, habitada solo por una docena de soldados en barracones deteriorados, es un lugar apartado de la vorágine turística de la costa continental.

A pesar de su belleza, el lugar no logra convertirse en un destino accesible. Las flores de buganvilia silvestre y el aroma a pino no bastan para superar las condiciones extremas. Los excursionistas de Vlorë, la ciudad cercana, suben la colina sin descalzarse, mientras que un perro de los soldados gruñe para ahuyentar a los visitantes. La combinación de serpientes venenosas, falta de infraestructura y el riesgo de accidentes hace que la idea de un lujo accesible quede en la utopía.

El proyecto, aunque aún en discusión, enfrenta obstáculos que suenan a imposibilidad. La isla, protegida por su condición de zona militar y su escasez de recursos, no parece un lugar adecuado para un complejo turístico. La falta de conexiones y la dificultad para acceder a la isla limitan cualquier plan de desarrollo. Aunque Trump y Kushner prometieron un paraíso, la realidad de Sazan sugiere que su sueño permanecerá en la imaginación.

La isla albanesa Saz, aunque hermosa, se mantiene intacta como un refugio natural, sin permitir que proyectos ambiciosos la conviertan en un destino turístico viable. Su estado de aislamiento y condiciones extremas lo hacen un lugar más cercano a la fantasía que a la realidad.