En la fría mañana del 4 de julio de 1976, los feligreses de Belgrano R. se acercaron a la iglesia de San Patricio, pero las puertas estaban cerradas. Un adolescente de 16 años, el organista del templo, trepó hasta el salón parroquial y descubrió a los tres sacerdotes —Pedro Dufau, Alfredo “Alfie” Kelly y Alfredo Leaden— y a los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, acribillados bocabajo. Las víctimas, alineadas sobre una alfombra roja, mostraban signos de una brutal ejecución: 35 vainas servidas y 15 balas calibre 9 milímetros.

Sobre el cuerpo de Barbeito, un dibujo de Quino destacaba un bastón de la policía con la leyenda: “Este es el palito de abollar ideologías”. Las paredes del living guardaban dos pintadas que revelaban la motivación del ataque: “Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria” y “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M”. Los verdugos, según el mensaje, buscaban vengar la bomba de Montoneros que había destruido el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal dos días antes, causando 23 muertes.

Los sacerdotes y seminaristas pertenecían al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MST), una organización que promovía la acción directa contra el sistema capitalista. Su muerte, registrada como crimen de lesa humanidad, quedó sin resolver durante décadas. Hasta hoy, la Iglesia católica argentina no ha conseguido que se aborden públicamente los archivos de la dictadura, que permanecen en el Archivo Nacional. En 2021, la Corte Suprema rechazó un pedido para que se reabriera la causa, lo que ha generado frustración en sectores que denuncian una falta de transparencia.

La joven testigo, que años después denunció el crimen, mencionó haber visto dos autos con personas en su interior frente a la iglesia. Uno de los ocupantes, según la versión, era hijo de un general que actuaba como interventor provincial de Neuquén. Aunque las autoridades no han confirmado este testimonio, el caso sigue siendo un símbolo de las violencias del peronismo radical. La búsqueda de justicia, sin embargo, sigue pendiente.

La Iglesia católica argentina persiste en su demanda de verdad, aunque el caso sigue sin resolverse. A cinco décadas de la masacre, el Archivo Nacional aún no permite el acceso a documentos clave, lo que refleja la complejidad del debate histórico sobre los crímenes de la última dictadura.