La trampa de donar en lugar de prestar

Cuando los padres deciden transferir dinero a sus hijos para financiar la entrada de un piso, suelen pensar que «lo que da es gratis». Sin embargo, el fisco no lo ve así. Según Aitor Fernández, asesor fiscal de TaxDown, donar ese monto genera un «impuesto de donaciones» que afecta al hijo y una carga fiscal para el padre, incluso si no se percibe ganancia. «La idea de ‘echarle una mano’ puede terminar en una factura impositiva que no era prevista», explica.

El problema radica en que, si el dinero se entrega sin condiciones claras, Hacienda lo considera una donación. Esto activa el Impuesto de Sucesiones y Donaciones (ISD) del hijo, con reglas que varían por comunidad autónoma. Por ejemplo, en Extremadura, los padres pueden ayudar a sus hijos con hasta 200.000 euros para la compra de su vivienda habitual, siempre que cumplan requisitos específicos. Pero si no se cumplen, el hijo se ve obligado a pagar impuestos, aunque el resultado final sea 0 euros por bonificaciones.

Alternativa: el préstamo privado a tipo cero

La solución, según los expertos, es estructurar la ayuda como un préstamo privado a tipo cero. «Lo primero, documentarlo antes de mover un euro», advierte Fernández. Al convertir la ayuda en un préstamo, el padre no genera IRPF y el hijo no asume el ISD, ya que el dinero se considera un préstamo a pagar, no una donación.

Este enfoque requiere un acuerdo escrito entre padre e hijo, con cláusulas que definen el plazo de devolución, intereses (que deben ser 0) y condiciones de uso del dinero. «El préstamo no es un favor, es un compromiso legal», dice Fernández. En este modelo, el hijo puede usar el dinero para la entrada, pero tiene la obligación de devolverlo en el futuro, lo que evita el impacto fiscal en ambos lados.

¿Por qué la fiscalidad penaliza el apoyo familiar?

La respuesta está en las normativas que regulan el tránsito de bienes entre familiares. Donar dinero para una vivienda se considera una transferencia patrimonial, lo que activa el ISD. En cambio, un préstamo se ve como una operación financiera, no una donación. Esta diferencia es clave: el fisco prioriza la transparencia y la equidad, evitando que los padres transfieran bienes sin compensación.

Los expertos recomiendan que los padres consulten asesores antes de cualquier transferencia. «Muchas veces, los padres no consideran los efectos fiscales de su buena intención», dice Alina Dragos. En la Argentina, donde la vivienda es un tema crítico y los salarios no alcanzan para soportar una hipoteca, esta problemática se vuelve aún más relevante. La clave está en estructurar las ayudas de manera que beneficien a la familia sin comprometer su liquidez.

La ayuda familiar para la compra de una vivienda puede convertirse en una trampa fiscal si no se estructura correctamente. Los padres deben documentar sus transferencias como préstamos privados a tipo cero, evitando así el impacto en los impuestos. En una realidad donde la vivienda es un desafío, la planificación fiscal se convierte en una herramienta esencial para no perder lo que se quiere proteger.