Washington — A seis meses de la captura de Nicolás Maduro en 2019, Marco Rubio sigue siendo el cerebro detrás de la gestión estadounidense en Venezuela. Aunque nunca pisó suelo venezolano, su papel en la dirección del país supera los límites de una simple relación diplomática. Funcionarios anónimos revelaron que el ex secretario de Estado, ahora en la Casa Blanca, controla el flujo de recursos, la distribución de petróleo y las decisiones políticas que impactan la vida cotidiana de miles de ciudadanos.

Su influencia se ejerce a través de una red de contactos que incluye a Delcy Rodríguez, la interina líder del gobierno venezolano con apoyo estadounidense. Ambos intercambian mensajes en español por WhatsApp, comparten chismes y coordinan acciones que, según fuentes cercanas, definen la agenda del régimen. «Rubio no solo da órdenes, sino que también interpreta la realidad del país», confesó un funcionario que pidió anonimato. Esta dinámica contrasta con la brevedad de la intervención estadounidense en Irak, donde Paul Bremer dejó su cargo tras tres años de gestión.

La participación de Rubio refleja una estrategia de «gobierno desde la distancia» que combina presión económica, intervención en la cadena de suministro y una relación privilegiada con figuras clave. Los análisis muestran que su rol se fortalece en un contexto de crisis interna y desconfianza en el sector político venezolano. «Es como un director de cine que no aparece en pantalla pero guía cada toma», comparó otro funcionario, resaltando la discreción y la eficacia de su liderazgo.

Este modelo de intervención, sin embargo, enfrenta retos. La complejidad de un país con estructuras históricas profundas y una sociedad dividida requiere una articulación constante. Rubio, a través de canales formales e informales, intenta mantener el equilibrio entre la presión externa y la supervivencia interna del régimen. Su éxito podría definir si Estados Unidos logra un «cambio de régimen» sin necesidad de una intervención directa, un objetivo que Trump planteó en 2019 como una opción estratégica.

La figura de Rubio en Venezuela ilustra una nueva forma de poder internacional: una influencia indirecta que combina política, economía y relaciones personales. Su rol, aunque no visible, redefine cómo las potencias externas pueden operar en contextos de crisis. La pregunta que surge es si esta dinámica puede sostenerse en el largo plazo sin generar nuevas tensiones en una región ya marcada por conflictos.