La correa de distribución es una banda de caucho dentada que conecta el cigüeñal y el árbol de levas. Su función es sincronizar el movimiento de los pistones y las válvulas para que el motor funcione correctamente. Si no se cambia a tiempo, el riesgo de daño es enorme.

Los mecánicos insisten en que retrasar el mantenimiento puede llevar a una tragedia: si la correa se rompe, los pistones chocan contra las válvulas. «El sonido sordo seguido del silencio del motor es el inicio de una pesadilla», explican desde talleres especializados. Los daños incluyen válvulas dobladas, pistones dañados o incluso una culata fisurada.

Los fabricantes recomiendan cambiar la correa entre 60.000 y 120.000 kilómetros, según el modelo. Pero muchos dueños la posponen por desconfianza o costos. «Es una decisión que acaba con el motor en minutos», advierten. La reparación es costosa, con precios que superan los miles de pesos.

Cambiarse la correa de distribución a tiempo es clave para evitar daños irreversibles. Revisar el manual del auto y cumplir con los mantenimientos previstos salva miles de pesos en reparaciones futuras.