Un mural que muestra a Donald Trump muerto en un ataúd negro se alza hoy en la Plaza de la Revolución de Teherán, uno de los puntos más emblemáticos de la capital iraní. La obra, cuyo mensaje «Mataremos a Trump» se inscribe bajo la imagen del ex-presidente norteamericano, simboliza el fervor de sectores radicales del régimen por venganza tras el asesinato del exlíder supremo Ali Khamenei, ocurrido en 2026. El mural, que fue mostrado por medios estatales, se inscribe en un contexto de creciente confrontación militar entre Irán y Estados Unidos, cuyas tensiones se agudizaron tras el ataque a una base iraní en el Golfo Pérsico.

La escena, ubicada en una de las plazas más transitadas de la capital, representa al magnate republicano acostado boca arriba, con la camisa abierta y parte de su panza a la vista. La obra, que forma parte de una serie de murales antiestadounidenses, se actualiza periódicamente por el gobierno iraní para reflejar la intensidad de las hostilidades. En los últimos años, estas imágenes han sido usadas como herramienta de propaganda estatal para movilizar a la población y reforzar el discurso de enemistad contra Estados Unidos.

La situación se complejiza tras las declaraciones de Trump, quien aseguró que Irán había lanzado amenazas de «asesinarlo» y que 1.000 misiles están listos para atacar la República Islámica. El diario *The Wall Street Journal* reveló que Israel alertó a funcionarios estadounidenses sobre planes iraníes de un presunto magnicidio. Aunque el gobierno de Biden niega cualquier coordinación con Irán, la retórica de ambas partes continúa escalando, con incidentes como el ataque a una base naval iraní en el Golfo Pérsico y la captura de dos naves estadounidenses en aguas iraníes.

La Plaza de la Revolución, rebautizada tras la Revolución Islámica de 1979, es un símbolo de la lucha contra el «imperio» norteamericano. Fue el epicentro de la oposición al rey Mohammad Reza Pahleví y hoy alberga el mausoleo de Ruhollah Khomeini, líder de la revolución. La muerte de Khamenei, quien gobernó el país durante 37 años, generó una crisis interna en el régimen, con sectores radicales promoviendo acciones extremas. El mural actual, sin embargo, no solo refleja la ira por el asesinato del exlíder, sino también la percepción de una «guerra perpetua» contra Estados Unidos.

El mural en Teherán no solo visibiliza el clima de hostilidad entre Irán y EE.UU., sino también la instrumentalización de la memoria histórica para alimentar la violencia. La obra, en manos de artistas oficializados, convierte la plaza en un escenario de propaganda que refleja la tensión actual y la ambigüedad de los límites entre la retórica y la acción.