Un plan de supervivencia al mar

Nauru, un país del Pacífico con apenas 21 kilómetros cuadrados de superficie y unos 12.500 habitantes, está enfrentando una crisis climática que lo deja al borde del colapso. El nivel del mar sube rápidamente, invadiendo zonas costeras donde vive la mayoría de la población. Para evitar que su nación desaparezca, el gobierno decidió recurrir a una estrategia inusual: vender ciudadanía a precios elevados. El programa ofrece pasaportes a cambio de 90.000 dólares, permitiendo a los compradores viajar sin visado a más de 85 destinos, entre ellos Reino Unido, Hong Kong o Singapur. Sin embargo, el verdadero objetivo no es la movilidad internacional, sino financiar la migración de la población.

¿Cómo funciona el sistema?

El gobierno de Nauru anunció que el dinero recaudado con la venta de ciudadanías servirá para financiar el traslado de alrededor del 90% de las viviendas, infraestructuras y servicios esenciales hacia zonas elevadas aún habitables. Esta es una de las mayores operaciones de reubicación de un país en la historia moderna. El proyecto, que aún está en su primera fase, busca garantizar que la población no pierda su lugar de vida. La isla, devastada por la explotación de fosfatos en el siglo XX, ya no tiene espacio para expandirse. Hoy, la única opción es trasladar a la población a zonas menos expuestas al aumento del nivel del mar y a la erosión costera.

Un conflicto entre supervivencia y globalización

La venta de ciudadanía no solo refleja la urgencia del problema, sino también una contradicción: un país que debe migrar para sobrevivir vende una parte de su identidad a quienes pueden pagar. Esta estrategia ha generado debates sobre el derecho de los países a priorizar su supervivencia frente a la globalización. Mientras tanto, las autoridades locales enfatizan que el plan no es un escape, sino una inversión en el futuro. «Estamos tratando de salvar nuestras vidas, no vendiendo la nación», explicó un funcionario. El reto es mantener la cohesión social mientras se implementa un proyecto que puede tomar décadas.

El gobierno de Nauru prevé que la primera fase del traslado de la población comience en los próximos años. Sin embargo, la financiación total del proyecto depende del éxito del programa de pasaportes, que enfrenta críticas por su naturaleza comercial. La isla, que ya no tiene donde crecer, ahora se enfrenta a una decisión: adaptarse al cambio climático o desaparecer.