Daniel Ortega, de 80 años, reafirmó su dominio absoluto en Nicaragua durante un acto celebrado en Managua para conmemorar el 47° aniversario de la revolución sandinista. «Que se olviden, aquí no volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno», declaró el presidente, refiriéndose a los opositores que operan desde el exilio. Su discurso, lleno de amenazas, coincidió con la fecha en que se espera un nuevo gobierno de su partido, tras la reforma constitucional que amplió el mandato presidencial de cinco a seis años.

El régimen sandinista, encabezado por Ortega y su esposa Rosario Murillo, ha consolidado un control total sobre el país desde 2007, tras una sucesión de elecciones cuestionadas y medidas que eliminaron a rivales políticos. La represión de las protestas de 2018, que dejaron más de 300 muertos según la ONU, marcó un punto de inflexión. Desde entonces, miles de nicaragüenses huyeron a Costa Rica, España y Estados Unidos, mientras que líderes opositores fueron detenidos, deportados o perseguidos.

La oposición en el exilio, sin embargo, mantiene la esperanza de que la presión internacional pueda forzar una transición democrática. En un contexto de tensión, Ortega rechazó cualquier posibilidad de elecciones libres, alegando que los partidos «puestos por los yanquis» ya no tendrán oportunidad de ganar. «Aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis volverán a llegar al gobierno, jamás, jamás, jamás», dijo, aludiendo a movimientos que han sido críticos del régimen.

El control del Estado sobre la sociedad nicaragüense ha sido un pilar del poder de Ortega. Con medidas que incluyen la censura, la cooptación de medios y la represión de disidencias, el mandatario ha logrado mantener un régimen en el que la oposición no tiene espacio. La falta de elecciones generales, programadas para 2027, refuerza la idea de una autoridad que no contempla alternativas. Mientras tanto, las voces críticas siguen buscando apoyo internacional para desafiar el modelo actual.

La rechazada elección por parte de Ortega refleja un régimen que prioriza la continuidad del poder sobre la democracia. Con el horizonte electoral pospuesto hasta 2027, el control de la oposición en el exilio sigue siendo una variable incierta en un contexto de represión y aislamiento. La comunidad internacional, sin embargo, sigue vigila la situación, buscando formas de presionar al régimen para garantizar derechos fundamentales.