En el corazón de Lomas de Zamora, el principal acusado del crimen de "Lechuga" negó su participación al juzgado, generando tensión en el tribunal y en la comunidad local.
Pilepich: «Era mi amigo, no lo maté»
Maximiliano Pilepich, juzgado por el asesinato de Fernando Pérez Algaba, negó su vinculo con el crimen durante una audiencia en Lomas de Zamora. Acusó a tres amigos de la víctima de tener deudas con él y rechazó la hipótesis de la codicia. El juicio ante un jurado popular se acerca a su conclusión.
El acusado central del caso, Maximiliano Pilepich, replicó al juez de Lomas de Zamora en una audiencia que se extendió toda la mañana. «Yo no lo maté, era mi amigo», afirmó al sostener su inocencia. El hombre, acusado de dos tiros por la espalda en el crimen de «Lechuga» Pérez Algaba, rechazó la teoría fiscal de la codicia y destacó que «nosotros los trabajadores sabemos lo que cuesta».
Pilepich señaló a tres amigos de la víctima, testigos en el proceso, quienes le debían 50 mil dólares. «Fernando tenía deudas con ellos. No les iba a pagar», explicó al jurado. A su vez, se dirigió al hermano de «Lechuga», Rodolfo Pérez Algaba, representado por el abogado Javier Baños, y lo acusó de no conocer los detalles del caso. «Quizá no conoce nada de esto que está escuchando de parte mía», dijo, generando un cruce de palabras en la sala.
El juicio, que avanza en los Tribunales de Lomas de Zamora, tendrá nuevas audiencias el sábado y domingo. El fiscal Marcela Dimundo busca un veredicto antes del feriado del 9 de julio. En el proceso, varias declaraciones de testigos complicaron la situación de los acusados, incluyendo al propio Pilepich.
La tensión entre acusado y familiares de la víctima marca el ritmo del juicio. La próxima etapa del proceso definirá si la negativa de Pilepich se sostiene ante un jurado popular. La comunidad de Lomas de Zamora sigue de cerca el caso, ya que el veredicto podría tener un impacto profundo en la percepción de la justicia local y en la relación entre vecinos. La audiencia refleja cómo los conflictos personales y económicos pueden entrelazarse con la violencia, generando debates sobre responsabilidad y venganza en un barrio donde la convivencia es clave.
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