El Mundial de Fútbol, aunque transcurrido sin incidentes graves en las canchas, fue escenario de discursos racistas, xenófobos e islamófobos en las redes sociales. La estrella española Lamine Yamal fue blanco de comentarios por su actitud al rezo musulmán tras marcar un gol, mientras que el francés Kylian Mbappé sufrió críticas por su origen africano y una supuesta relación sentimental con una modelo transgénero. El caso más difundido fue el de la senadora paraguaya Celeste Amarilla, quien atacó al futbolista tras el triunfo francés, calificándolo de «chupó cocos» y «chimpancés». La frase generó rechazo global y la senadora se retractó parcialmente.

En Argentina, el caso de Eduardo Parisini, conocido como «Gordo Dan», destacó por su combinación de racismo y transfobia. El influencer libertario, en su programa «La Misa», lanzó un discurso cargado de odio contra el fútbol árabe: «Que vaya preparando la cola Medio Oriente. Algún culo va a sangrar», y atacó a Mahoma como «pedófilo» y a Alá como «gay». Al finalizar el partido contra Egipto, añadió insultos al faraón Tutankamón, llamándolo «violador». La crítica se amplificó por su alcance en redes y el impacto en la comunidad local.

La FIFA, a pesar de haber denunciado en varias ocasiones el uso de redes para promover odio, no ha tomado medidas concretas contra los casos documentados. Los comentarios de influencers como Parisini, que no se limitaron a apodos ficticios, generaron debates sobre la responsabilidad de las plataformas digitales y la necesidad de sanciones claras. En la Argentina, el diputado bonaerense de La Libe, que no fue identificado, también fue señalado por mensajes críticos hacia la comunidad musulmana, aunque sin alcance tan amplio como el de Parisini.

La difusión de estos discursos, incluso en contextos deportivos, revela grietas en la sociedad sobre la convivencia y el respeto a la diversidad. Expertos destacaron que el fútbol, con su capacidad de unir a millones, podría ser un espacio para contrarrestar el odio, pero requiere una acción institucional más contundente. La falta de respuestas claras de organismos como la FIFA alimenta la percepción de que el racismo en línea sigue siendo un problema sin control.

Las redes sociales amplificaron discursos extremos durante el Mundial, generando rechazo internacional y debates sobre la responsabilidad de plataformas y autoridades. La falta de sanciones claras deja en claro que el racismo digital sigue siendo un desafío sin solución inmediata.