Rusia elevó sus importaciones de nafta a un récord de 141.000 toneladas en junio, un aumento del 240 % respecto a mayo, según datos del diario ruso Védomosti. La cifra, atribuida a la intensificación de bombardeos ucranianos con drones contra infraestructura energética, refleja una crisis de combustible que ha paralizado la logística del país. Los ataques, que han alcanzado zonas urbanas del este de Rusia, han dejado sin suministro a centrales eléctricas y terminales petroleras, acelerando la dependencia de importaciones.

La escalada de ataques, según expertos citados por Védomosti, ha forzado al Kremlin a buscar alianzas inesperadas. Bielorrusia, por ejemplo, desvió parte de sus exportaciones a Asia Central para reabastecer a Moscú, mientras que se especula con un acuerdo con la India para importar gasolina. Aunque las autoridades rusas niegan que la crisis sea fruto de la ofensiva ucraniana, admitieron recientemente negociaciones con terceros países, lo que sugiere una urgencia que no se puede posponer.

El impacto es especialmente crítico en repúblicas centroasiáticas como Kirguistán, donde el 90 % de la gasolina proviene de Rusia. El Ministerio de Energía de esa nación solicitó ayuda a vecinos para evitar un colapso en la producción local, un escenario que se acerca tras semanas de ataques que han destruido instalaciones clave. Esta situación agudiza tensiones en un contexto donde la guerra ha dejado de ser solo un conflicto territorial para convertirse en un conflicto de infraestructura.

Las últimas hostilidades se registraron el sábado, cuando drones ucranianos atacaron una terminal petrolera en San Petersburgo, según informes oficiales. Este incidente, que sumó nuevos daños a la red de distribución rusa, deja en claro que la guerra no solo afecta a Ucrania, sino que también se está cobrando un costo en el corazón de Rusia. La escalada de la crisis podría intensificar la presión sobre el Kremlin para buscar soluciones externas, aunque la dependencia de aliados como Bielorrusia y la India pone en evidencia la fragilidad del sistema energético del país.

La dependencia de importaciones para reabastecer la infraestructura rusa refleja un escenario crítico, donde la guerra ha transformado la logística en una prioridad estratégica. La crisis de combustible no solo afecta a Moscú, sino que también tiene implicaciones en repúblicas vecinas, intensificando la interdependencia energética en una región ya marcada por la tensión.