La llamada ocurrió durante una clase en el Colegio Regina de Rafael Calzada, en el partido de Almirante Brown. La docente Jorgelina, impulsora de la iniciativa, atendió el teléfono y se encontró con Enzo Fernández, Nicolás Tagliafico y Thiago Almada. Los jugadores no solo saludaron, sino que preguntaron si los estudiantes estaban en el aula y pidieron que todos participaran. «Me morí de miedo y nervios», confesó Jorgelina, que recorrió los pasillos para que alumnos de distintos cursos vivieran el momento.

La emoción se extendió por el colegio. Los chicos se abrazaron, compartieron mensajes de aliento y celebraron el gesto de los futbolistas. La directora del establecimiento, emocionada, resumió el impacto: «Esto es un regalo de la vida. No tiene precio». La conexión entre los jugadores y los estudiantes trascendió el fútbol: el colegio, como espacio comunitario, refleja cómo el deporte puede unir a personas de distintos contextos.

La videollamada se encajó en la previa del Mundial 2026, donde la Selección busca mantener su cercanía con el público. En un distrito con históricas barreras de acceso, el gesto reforzó la importancia de proyectos escolares como plataformas de inclusión. Los jugadores, al interactuar directamente con los chicos, no solo motivaron a la comunidad, sino que demostraron cómo la educación y el deporte pueden ser herramientas para fortalecer identidades colectivas.

La experiencia reafirmó el rol del fútbol como puente entre el deporte y la vida cotidiana. Para la comunidad del Colegio Regina, el gesto de los futbolistas no fue un simple saludo, sino una lección de conexión y pertenencia. La interacción marcó un antes y un después en la relación entre el deporte y el entorno local, mostrando cómo un acto espontáneo puede generar un impacto duradero en la vida de quienes lo viven.