El verano en España se rompió abruptamente, según el Instituto Nacional de Meteorología (AEMET), que advierte de una sequía de lluvia que podría durar semanas.
Temperaturas españolas caen bruscamente: AEMET alerta por nueve días de lluvia
España registró un descenso drástico de temperaturas tras semanas de calor extremo. Ciudades como Madrid y Barcelona experimentaron caídas de 10° a 15° Celsius en 24 horas, mientras AEMET pronostica lluvias prolongadas en la Península Ibérica. Esta transición climática inesperada ha generado alertas de inundaciones y afectado la agricultura en zonas costeras.
¿Por qué la temperatura se desplomó tanto?
Según informó Xataka, El fenómeno climático que marcó la ruptura del verano en España se explicó mediante la llegada de una masa de aire frío proveniente del norte, que se intensificó al interactuar con la humedad del Atlántico. Según AEMET, este sistema se formó en la última semana de julio, pero su impacto se hizo sentir solo en las últimas 48 horas. El descenso fue especialmente notable en las zonas mediterráneas, donde los registros alcanzaron mínimos de 12° Celsius en Madrid y 14° en Barcelona, una caída de 10 a 15 grados respecto al promedio de julio.
El informe del instituto meteorológico destaca que el aire frío se movió hacia el sur del país en un frente de tormenta que se extendió por toda la Península Ibérica. Este tipo de eventos es más común en otoño, pero su llegada en julio es inusual y fue atribuida a una combinación de factores climáticos globales. La humedad acumulada en el suroeste de España, junto con la presión atmosférica baja en el norte, generó condiciones propicias para las precipitaciones.
El contraste entre zonas: otoño en el noroeste y calor en el este
Aunque la mayoría del país registró un descenso térmico, el este de España, especialmente Cataluña y Valencia, mantuvo temperaturas altas debido a la influencia del Mediterráneo. En Alicante, por ejemplo, la temperatura máxima se mantuvo alrededor de 28° Celsius, mientras que en la región de Extremadura, los mínimos caían hasta 9° Celsius. Esta diferencia climática se explicó por la posición geográfica de las zonas: las costas mediterráneas suelen ser más cálidas que las regiones interiores al norte del país.
La situación ha generado una situación contradictoria: mientras el noroeste vive una ola de frío, el este enfrenta condiciones de calor persistente. Este contraste ha sido criticado por agricultores que trabajan en zonas costeras, donde las temperaturas elevadas han dañado cultivos como la vid y el olivo. Por otro lado, las regiones del norte, que enfrentan temperaturas bajo cero, han reportado daños en el ganado y en la producción de frutas tropicales.
¿Ya es otoño? AEMET explica la tendencia climática
El Instituto Nacional de Meteorología aclaró que la transición hacia el otoño no es inminente, aunque el fenómeno observado es indicativo de una tendencia global de irregularidades climáticas. «Estamos ante un evento meteorológico aislado, pero que refleja los patrones de variabilidad climática que se están intensificando», afirmó un portavoz de AEMET. La institución destacó que los modelos de predicción indican que las lluvias podrían durar entre siete y diez días, con probabilidades de inundaciones en la costa norte del país.
Este tipo de transiciones bruscas entre estaciones son más frecuentes debido al cambio climático, según expertos en clima. «La estabilidad del clima se está rompiendo, y esto genera eventos extremos que afectan a la agricultura, la salud pública y la infraestructura», explicó la científica española María José Pérez. La ola de frío en julio podría tener consecuencias en la producción de cultivos de regadío, que dependen de temperaturas estables para su desarrollo.
El descenso térmico en España ha generado un escenario de inestabilidad climática que afecta a distintas regiones del país. AEMET advierte de que las lluvias prolongadas podrían causar inundaciones en la Península Ibérica, mientras que la agricultura enfrenta desafíos por la irregularidad de las condiciones climáticas. Este fenómeno no solo refleja una transición meteorológica inesperada, sino también una señal de los impactos del cambio climático en la región.
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