Este jueves, las acciones de Tesla se desplomaron entre un 12% y un 14%, uno de sus peores registros en años. La caída se aceleró durante la conferencia con inversores, donde Elon Musk admitió que fabricar los robots humanoides Optimus «será el producto más difícil de escalar en producción que hayamos hecho en Tesla». Las acciones se hundieron tras la revelación de que el margen operativo, que en 2022 era del 4,1%, cayó al 1,4% este trimestre.

A pesar de las dificultades, Tesla cerró el segundo trimestre con facturación de 28.240 millones de dólares, un 26% más que en el mismo período de 2022. Sin embargo, el beneficio operativo se redujo un 57%, a 398 millones de dólares. El flujo de caja libre, que había estado en positivo durante más de dos años, se volvió negativo en -1.100 millones de dólares, mientras el gasto en inversión (capex) subió un 142%, a casi 5.800 millones. En el marco de un plan anual de 25.000 millones de dólares, el desplome de la cotización reflejó la incertidumbre sobre la viabilidad del proyecto Optimus.

Musk, en su llamada con inversores, no solo admitió la dificultad técnica del robot, sino que también mencionó que «todo en el robot es nuevo», lo que complica la escalabilidad. Esto generó preocupación en Wall Street, ya que las expectativas de ganancias ajustadas por acción se ubicaron en 33 centavos, muy por debajo de los 51-53 que pronosticaban los analistas. La confianza de los inversores se tambaleó al ver cómo la empresa, que ya lidera el mercado de vehículos eléctricos, enfrenta nuevos desafíos en un ámbito tecnológico aún más ambicioso.

La situación refleja una tensión entre la innovación disruptiva y la capacidad de ejecutar proyectos a gran escala. Mientras Tesla continúa liderando la transición hacia los autos eléctricos, su apuesta en los robots humanoides parece haber abierto una brecha en su camino de crecimiento. Con el peso de los 140.000 millones de dólares perdidos en un solo día, la empresa ahora enfrenta la tarea de convencer a los inversores de que sus ambiciones no son solo un sueño tecnológico, sino una estrategia viable para el futuro.

La admisión de Musk sobre la complejidad de Optimus resalta el riesgo de priorizar la innovación sobre la escalabilidad. Para Tesla, el reto no es solo técnico, sino también financiero: mantener el ritmo de crecimiento en un sector donde el margen operativo se vuelve un factor crítico. La próxima prueba será si el proyecto puede equilibrar ambición y viabilidad sin afectar su liderazgo en el mercado automotor.