Una tormenta inusual afecta al sur del país, generando alertas en Mendoza y poniendo en jaque planes de gestión hídrica.
Tormenta en Mendoza: alertas y desafíos para la gestión del agua
El gobierno provincial activó protocolos de emergencia tras una ola de lluvias intensas que supera los promedios históricos. La situación exige replantear estrategias de abastecimiento en un contexto de sequías recurrentes.
¿Qué provocó la crisis en Mendoza?
Según informó Gobierno de Mendoza, El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Mendoza confirmó que las últimas 48 horas registraron precipitaciones de 150 mm, un 60% por encima del promedio anual. La tormenta, clasificada como «extrema», alcanzó zonas como San Rafael y Las Cuevas, donde se reportaron inundaciones parciales. El fenómeno coincide con un período de mayor riesgo hídrico, tras tres años de sequía que dejaron 20% de los pozos subterráneos en situación crítica.
¿Cómo se está respondiendo?
El gobierno provincial activó el Plan de Emergencia Climática, priorizando la evacuación de comunidades aisladas y el desplazamiento de equipos de rescate. Según un comunicado de la Secretaría de Agua, se están monitoreando 12 ríos y 7 represas, pero la infraestructura no está preparada para este volumen de agua. «No hay capacidad de almacenamiento para eventos de esta magnitud», explicó el titular del área. En tanto, vecinos de la zona norte reportaron cortes de luz y dificultades para acceder a centros de salud.
¿Por qué es relevante ahora?
La tormenta surge en un contexto donde el 70% de la producción agrícola de la provincia depende de recursos hídricos. Los productores, ya afectados por la sequía, enfrentan una doble crisis: la pérdida de cultivos y el riesgo de contaminación de suelos por inundaciones. Además, el fenómeno refleja un patrón climático más intenso, como el registrado en la Patagonia en 2022, donde lluvias similares dejaron pérdidas superiores a los 100 millones de pesos. Analistas alertan que la falta de inversión en infraestructura hidráulica agrava la vulnerabilidad del norte argentino.
La situación exige un replanteo urgente de políticas públicas en Mendoza, donde el equilibrio entre sequía e inundación se vuelve cada vez más impredecible. Las autoridades deben priorizar la construcción de presas temporales y la modernización de sistemas de riego, mientras los productores buscan alternativas para mitigar la pérdida de ingresos.
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