Lionel Messi, a sus 39 años, protagonizó una remontada épica en el Mundial al dar vuelta un 0-2 contra Egipto en minutos. La gesta, sin embargo, desató un debate internacional: mientras la Selección Argentina se alzaba con un nuevo hito, desde España surgieron críticas que buscan cuestionar su victoria. El periodista David Bernabéu, de Sport, denunció una «campaña anti-Messi» coordinada en Madrid, que intenta desacreditar su rol como líder del equipo.

Las palabras de Hossam Hassan, entrenador egipcio, no pasaron desapercibidas: «El Mundial estaba digitado para Messi». Pero Mohamed Salah, el ídolo de Egipto, fue más directo: «¿Por qué perdimos? Porque ellos tienen a un tipo llamado Lionel Messi». El partido, cargado de tensiones, tuvo tres jugadas cuestionadas por los egipcios. Sin embargo, los especialistas coincidieron en que el árbitro François Letexier actuó correctamente. Incluso el técnico francés Didier Deschamps, que enfrentará a la Argentina en una posible final, defendió la decisión del juez.

Desde España, sin embargo, se buscó otro ángulo. El periodista Bernabéu aseguró que desde Madrid se enfatiza la idea de que los fallos arbitrales beneficiaron a Messi. «No pueden superar el daño que les ha hecho», dijo, refiriéndose a la leyenda del fútbol. El debate gira alrededor de un cálculo: ¿es posible que un jugador de 39 años, en su cuarta participación mundialista, siga siendo la pieza clave de un equipo que logró una histórica remontada? La respuesta parece ser sí, pero las críticas no se detienen.

El contexto de Messi, sin dudas, es único. A esa edad, Diego Maradona estaba en Punta del Este, Pelé ya se retiraba y Di Stéfano era una sombra de su gloria. La Argentina, con Messi como eje, no solo superó una crisis táctica, sino que también redefinió los estándares de un Mundial. La campaña anti-Messi, sin embargo, no solo busca desacreditar su rendimiento, sino también cuestionar el peso de un jugador que, tras décadas de dominancia, sigue siendo la referencia del fútbol mundial.

La campaña contra Messi, aunque no tiene evidencia sólida, refleja la tensión entre la leyenda y la crítica. El partido contra Francia, próximo en la ruta, será clave para ver si la Argentina puede mantener su impulso. El rosarino, sin embargo, sigue siendo la pieza central de una historia que, en el Mundial, no para de escribirse.