El 14 de julio, la Asociación Vecinal del Barrio Mirasoles —ubicada en Fair al 600, Monte Grande— presentó una denuncia formal al municipio de Esteban Echeverría por la contaminación generada por la planta procesadora Wade/Cresta Roja, en El Jagüel. La iniciativa fue encabezada por Leonel Litvak, presidente de la organización, quien destacó la intersección entre el reclamo local y el trabajo de otras instituciones como el Centro de Estudios para la Promoción de la Igualdad y la Solidaridad (CEPIS) y ACUMAR.

«En Esteban Echeverría vivimos con las ventanas cerradas, pero el olor entra igual. Se mete en la ropa, en las sábanas, en la comida y, lo que es peor, en los pulmones de nuestros hijos», afirmó Litvak. Para el líder vecinal, el problema «dejó de ser una molestia para transformarse en un problema gravísimo de salud pública y ambiental». La denuncia se enmarca en un reclamo que viene sosteniendo la comunidad desde meses atrás, en medio de una situación que afecta a hogares de barrios cercanos.

La planta, especializada en la producción de harina de subproductos de pollo, opera en el sector de renderizado, donde se cocinan plumas, tripas y sangre junto a químicos. Según Litvak, el humo que se eleva por las chimeneas contiene compuestos tóxicos que generan consecuencias inmediatas en la salud de los residentes: «El aire se vuelve directamente irrespirable, con náuseas, dolor de cabeza, ardor de ojos y problemas respiratorios». Las emanaciones, según el presidente de la asociación, son recurrentes y afectan a más de 100 hogares en el área.

El reclamo vecinal se suma a una serie de acciones que CEPIS y ACUMAR han desarrollado desde febrero de este año. Alejandro Cruz, referente local de CEPIS, explicó que las denuncias buscan presionar al municipio para que se garantice el cumplimiento de normas ambientales. «No podemos seguir con este nivel de contaminación sin acciones concretas», destacó Cruz, quien señaló que la situación exige un control más estricto de la planta.

La denuncia formalizada por los vecinos de Mirasoles abre un nuevo frente en la lucha contra la contaminación, con perspectivas de que el municipio revise las condiciones de operación de la planta. La comunidad sigue en alerta, mientras organizaciones locales insisten en la necesidad de medidas urgentes para proteger la salud de los residentes.