En el epicentro de la crisis sanitaria, la población venezolana recurre a misiones internacionales para cubrir vacíos del sistema público.
Venezolanos usan servicios médicos internacionales tras colapso del sistema estatal
Al menos 12 países han instalado hospitales de campaña en La Guaira y Caracas tras el doble terremoto. Más de 4.800 muertos y cientos de familias en campamentos reflejan la precariedad del sistema.
La crisis sanitaria en Venezuela se acentúa al ritmo del caos destruido por los terremotos del mes pasado. Ante la paralización del sistema público, al menos 12 naciones han establecido hospitales de campaña en La Guaira y Caracas. Esos centros atienden urgencias, desde crisis hipertensas hasta consultas de ginecología, aunque limitan la atención a patologías crónicas. La escasez de medicinas y la falta de equipamiento en los hospitales oficiales empujan a la población a buscar opciones en el exterior.
En Playa Grande, el hospital de El Salvador atiende diariamente a 300 personas. “Si es necesario, el paciente se ingresa y se atiende”, declaró Humberto Gaviria, director de la instalación. Los servicios no son exclusivos de víctimas del sismo: también acuden pacientes que no pueden acceder a chequeos regulares en el país. En el caso de Caracas, la Misión Médica Española atiende más de 2.300 personas diarias, aunque solo prioriza urgencias. “No atendemos a pacientes crónicos”, explicó Martha Catalina, encargada del centro.
El doble terremoto, que sacudió el norte del país el 16 y 17 de febrero, dejó al menos 4.800 fallecidos según el gobierno. Sin embargo, datos locales indican que la cifra podría superar las 6.000. En La Guaira, rescatistas siguen excavando escombros de edificios derrumbados, mientras familias se alzan en improvisados campamentos. “Hemos encontrado cuerpos bajo los escombros, pero hay muchas personas aún en las ruinas”, afirmó un bombero. La infraestructura urbana, ya en ruinas, no permite evacuar a todos los afectados.
Yolaiza Suárez, una mujer de 35 años, llegó a un hospital de campaña para una consulta de ginecología. “No podía hacerme el chequeo en los hospitales públicos. Aquí, al menos, me atienden”, dijo. Su caso refleja la desesperanza de miles que ven en los servicios internacionales una esperanza que el Estado no puede brindar. Mientras el gobierno rechaza las críticas y atribuye la crisis a «factores externos», la población enfrenta el desafío de sobrevivir en una red de emergencia que se sostiene sobre la improvisación y la solidaridad.
Mientras el gobierno sigue retrasando reformas, las misiones internacionales convierten en un refugio temporal para quienes no tienen opción. La situación resalta la vulnerabilidad de un país cuya infraestructura y servicios públicos han caído en un colapso crónico.
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