Un peso pesado de la FIFA se desliga del plan de privatización del Mundial
Wenger abandona proyecto de privatización del Mundial tras críticas internas
El exentrenador del Arsenal, Arsene Wenger, se distanció del plan impulsado por Infantino para vender participación de la FIFA. La UEFA rechazó la propuesta, alertando sobre la posible pérdida de control de las federaciones. El proyecto buscaba recaudar 4.200 millones de dólares mediante la venta de un 20% de una nueva filial.
¿Qué pasó con el plan de privatización?
Arsene Wenger, exentrenador del Arsenal y ahora director de desarrollo global de la FIFA, dejó claro que el proyecto de privatización del Mundial no tenía futuro. En un comunicado, el francés sostuvo que «era absolutamente necesario» abandonar la iniciativa, que era impulsada por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. El plan, que buscaba transformar la gestión del Mundial en un modelo privado, enfrentó resistencia desde el inicio.
La propuesta implicaba la creación de una nueva filial llamada FIFA Forward Enterprise (FFE), que manejaría ingresos de la Copa del Mundo, derechos de transmisión y patrocinios. La idea era recaudar 4.200 millones de dólares vendiendo el 20% de esta empresa, valorada en 20.000 millones. El «inversor ancla» de la operación era Thrive Eternal, una empresa ligada al hijo del expresidente estadounidense.
El rechazo de la UEFA y su impacto
La decisión fue acelerada por la negativa de la UEFA, que alertó de que sus 55 federaciones nacionales no participarían en competiciones de la FIFA si el plan se mantenía. La UEFA, que alberga a equipos que han ganado 13 de las 23 Copas del Mundo, consideró que la privatización ponía en riesgo el control democrático de las federaciones miembros.
Este rechazo marcó un punto de inflexión. La UEFA no solo cuestionó la viabilidad del proyecto, sino que también señaló que la privatización podría generar tensiones internas dentro de la FIFA. Las federaciones, que son las verdaderas dueñas de la institución, se mostraron escépticas ante una reforma que les quitaba poder. El escenario se vuelve complejo, especialmente con la necesidad de unificar intereses entre 211 países.
La lucha por el control de la FIFA
El plan de Infantino reflejaba un intento por modernizar la gestión de la FIFA, pero también por desmantelar su estructura sin fines de lucro. La organización, que opera bajo la legislación suiza, busca equilibrar su misión social con la necesidad de generar ingresos. La privatización era una forma de financiar proyectos como la Copa del Mundo, pero también generó controversia.
Entre los críticos, destacaron figuras como Wenger, quien consideró que el proyecto no tenía respaldo ni claridad. Además, el contexto internacional complicó las cosas: la presión de Estados Unidos por una mayor participación en la gestión de eventos deportivos, junto a la resistencia de Europa, creó un entorno difícil. La FIFA, sin embargo, no descartó reanudar el debate, aunque con un enfoque más cauteloso.
¿Qué sigue después de este rechazo?
Aunque el proyecto fue abandonado, la discusión sobre la financiación de la Copa del Mundo no termina. La FIFA sigue buscando alternativas para garantizar recursos sin ceder el control a entidades privadas. En el corto plazo, se espera una evaluación de las propuestas que no involucren privatización, con un enfoque en alianzas públicas-privadas o la reestructuración de FFE sin su venta.
El rechazo de la UEFA deja en claro que la decisión no será fácil. La federación europea, con su historial de éxito en el fútbol, sigue siendo un actor clave. Para Infantino, la clave está en encontrar un modelo que satisfaga a todos los actores, sin sacrificar el carácter democrático de la FIFA. El escenario sigue abierto, pero la brecha entre la necesidad de ingresos y el control institucional no parece fácil de cerrar.
El rechazo de la UEFA y la salida de Wenger marcan un punto de inflexión para el plan de privatización. La FIFA deberá reevaluar su estrategia, buscando alternativas que no afecten el control de las federaciones, mientras la demanda por recursos sigue en aumento. La decisión deja en claro que el fútbol internacional no puede dejar de lado su estructura histórica, incluso en un mundo cada vez más competitivo.
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