La Argentina vivió una jornada trágica en Wimbledon, donde ni un solo representante masculino logró pasar a la segunda ronda. Entre los diez argentinos que participaron en el cuadro principal, nueve cayeron en el primer día y el último, Mariano Navone, se despidió tras su derrota contra Flavio Cobolli. Esta cifra marca el peor desempeño histórico del país en una edición del Grand Slam, ya que desde 2009 no se registraban siete eliminaciones en el primer cuadro.

El mayor de los Cerúndolo, Francisco, se convirtió en el símbolo de este fracaso. Llegaba al torneo con la confianza de su reciente victoria en Queen’s y como 18° favorito, pero fue superado con claridad por el español Jaume Munar. El partido, que duró una hora y 46 minutos, fue un espejo de la frustración del porteño. “Él jugó mejor en todos los frentes, devolvió mejor, sacó mejor, estuvo mucho más sólido. No logré convertir ningún break point y él me quebró en cada oportunidad”, lamentó Cerúndolo, quien no encontró su mejor nivel ante un rival que se mostró agresivo y preciso.

La caída de Cerúndolo se sumó a las de otros nueve argentinos, incluyendo a los que cayeron el lunes: Juan Manuel Cerúndolo, Thiago Tirante, Sebastián Báez, Camilo Ugo Carabelli y Marco Trungelliti. El martes, Tomás Etcheverry y Román Burruchaga también se fueron sin lograr un solo set. Solo hubo una sorpresa: la victoria de Lucas Pouille sobre el francés Adrian Mannarino, pero eso no cambió el cuadro.

El impacto de esta derrota es palpable. La Argentina, que había llegado con la expectativa de tener al menos tres representantes en la segunda ronda, terminó sin ninguno. Esta edición marcó el comienzo de un nuevo capítulo en el torneo de Wimbledon, donde las expectativas quedaron desplazadas por los resultados. La ausencia de jugadores destacados en el cuadro masculino refleja un período de transición en el tenis argentino, donde se buscan nuevos rostros para competir en los grandes.

Este resultado deja en claro la necesidad de una generación de jugadores más consolidada para enfrentar los desafíos de los Grand Slams. La Argentina, que había apostado por múltiples competidores, ahora debe reinventarse en el rumbo de la categoría. La ausencia de representantes en la segunda ronda no solo es un recordatorio del declive actual, sino también una llamada a la urgencia de reconstruir una fuerza competitiva en el tenis masculino.