El oeste de Londres, específicamente la zona de Ealing, enfrentaba inundaciones cada vez que llovía fuerte desde los años 70. El arroyo Costons Brook se desbordaba, convirtiendo el área en una piscina urbana. En 2023, la alcaldía lanzó un proyecto inesperado: liberar una familia de cinco castores euroasiáticos en el antiguo campo de golf de Paradise Field.

La iniciativa, financiada por la ciudad, buscaba aprovechar la capacidad natural de los castores para gestionar el agua. En 2024, el sistema funcionó: los roedores construyeron una red de presas que reguló el flujo del arroyo, evitando inundaciones. Ahora ya viven allí ocho castores, transformando el lugar en una esponja natural.

El costo de esta solución contrasta con la inversión tradicional. Desde 2015, el Reino Unido gastó 2.600 millones de libras en defensas contra inundaciones, y se proyectaba duplicar esa cifra. Por el contrario, el proyecto con castores y parques urbanos es económico y sostenible.

Este modelo se repite en Devon, donde un ensayo con castores redujo picos de crecida entre un 30% y 60%. La experiencia demuestra que, en algunos casos, la naturaleza puede ser más eficiente que la ingeniería.

Los castores no solo solucionaron un problema urbano, sino que también abrieron una vía para pensar en soluciones ecológicas y económicas.