Un grupo de paleontólogos identificó una nueva especie de gecko en una resina fósil de 99 millones de años, extraída de la provincia de Kachin, en Myanmar. El hallazgo, publicado en la revista *Swiss Journal of Palaeontology*, destaca por la excepcional conservación del fósil, que incluye estructuras internas y evidencia de género. La presencia de un abultamiento hemipenial, característico en machos, permitió a los científicos establecer con certeza el sexo del animal, un detalle raro en fósiles de reptiles.

La especie, *Carinasquama rusmithii*, se halló en un fragmento de ámbar que conservó su anatomía en detalle, algo único en registros fósiles del Cretácico medio. Su tamaño, entre 1,6 y 2,2 centímetros de largo, lo hace comparable a los geckos vivos más pequeños. Aunque su tamaño no es el punto central de la descuberta, la preservación de órganos internos y la claridad de su estructura ósea son clave para entender su evolución.

Aunque se desconoce exactamente su ubicación en la diversidad actual de geckos, los investigadores la clasificaron provisionalmente en el grupo Pan-Gekkota, que incluye a varias familias de reptiles modernos. Esta posición sugiere que el animal era un ancestro cercano a especies vivas, pero su relación exacta aún requiere estudios adicionales. La localización del fósil en Myanmar, una región rica en hallazgos fósiles, refuerza la importancia del sitio como un «museo natural» de la historia de la vida.

El descubrimiento aporta una mirada inédita sobre la diversidad de geckos durante el Cretácico, un periodo en que los ecosistemas terrestres se estaban transformando. La preservación del fósil, que incluye hasta huesos del cráneo y extremidades, permite comparaciones directas con especies modernas, lo que ayuda a retrazar el camino evolutivo de estos reptiles. La investigación subraya la relevancia de los fósiles en ámbar para estudiar la adaptación de animales a ambientes cambiantes, algo clave para comprender la resiliencia de la vida en la Tierra.

Este hallazgo resalta la importancia de los fósiles en ámbar para la paleontología, ya que ofrecen datos detallados sobre especies extintas. La especie *Carinasquama rusmithii* no solo amplía el conocimiento sobre geckos, sino que también resalta la capacidad de los animales para adaptarse a cambios climáticos y ecológicos, información vital para estudios sobre evolución y conservación.