La ciencia del sueño ha revelado que dormir no es un acto natural, sino una práctica compleja. Un grupo de arqueólogos analizó sedimentos de la Cueva de Border, ubicada en las montañas Lebombo, y encontró restos de lechos elaborados con plantas y ceniza. Estos artefactos, datados entre 161.000 y 43.000 años atrás, muestran que los humanos prehistóricos priorizaban el confort y la protección.

El yacimiento, ocupado entre 220.000 y 43.000 años atrás, contiene seis microfacies distintas que indican distintos tipos de lechos. Algunos remiten a hace 200.000 años, lo que sugiere que la práctica de crear lechos fue parte de la vida cotidiana. Los materiales utilizados, como hojas y ceniza, probablemente servían para aislar del frío y mejorar la calidad del sueño.

La investigación destaca cómo los antepasados humanos adaptaron recursos naturales para su bienestar. Estos hallazgos no solo amplían el horizonte temporal de la tecnología prehistórica, sino que también destacan el papel del sueño en el desarrollo cultural de la especie.

El descubrimiento resalta la importancia del sueño en la evolución humana y muestra que incluso hace 200.000 años, los humanos buscaban formas de mejorar su descanso. La Cueva de Border sigue siendo una fuente clave para entender la vida cotidiana de nuestros antepasados.