El ascenso de Aruba y la estrategia de Martínez

El 8 de julio, en Luque, Paraguay, se vivió un momento histórico. Aruba, en el playoff del Grupo Mundial IV de la Zona Americana de la Copa Davis, superó a Cuba por 2 a 0 y se aseguró el regreso al Grupo III. La victoria no solo fue un triunfo deportivo, sino también una muestra de la capacidad de adaptación del equipo liderado por Claudio Martínez. El argentino, de 61 años, llevó a sus jugadores a entrenar en condiciones extremas para prepararlos para la superficie anaranjada, típica de los torneos de la Copa Davis.

Martínez, que llegó a Aruba hace más de veinte años, explicó que la idea era romper la rutina. «No teníamos plata para pagar un hotel. Así que les propuse ir a Cañuelas», contó en una entrevista a Clarín. La elección no fue casual: en la isla, los tenistas están acostumbrados a canchas duras, mientras que en Luque las superficies son más blandas. La combinación de ambientes fue clave para que el equipo se adaptara sin sobresfuerzo.

La vida en el contenedor y la conexión con Cañuelas

La preparación en Cañuelas se convirtió en una experiencia inusual. El equipo arubés se alojó en un contenedor que Martínez construyó en un terreno de la zona. «Prendíamos la salamandra para calentar la casita, porque hacía frío de locos», recordó. Las temperaturas llegaron a -5°, lo que exigió que los jugadores salieran a buscar madera para la estufa. La improvisación no fue solo una opción: fue una estrategia para que los atletas se acostumbraran a condiciones extremas.

La conexión con Cañuelas no terminó allí. Martínez, quien vivió allí durante un tiempo, contó que el club Atlético Monte Grande colaboró con el entrenamiento. «Ellos viven en Aruba, donde todo es como una maqueta. En Cañuelas, les va a hacer bien», aseguró. La experiencia no solo fue una forma de entrenar, sino también un proceso de integración cultural. Los jugadores, acostumbrados a un entorno controlado, tuvieron que enfrentar la improvisación, lo que les permitió superar limitaciones y fortalecer su mentalidad.

La importancia de la preparación y el legado de Martínez

Para Martínez, la preparación en Argentina fue un paso fundamental. «Quería que los chicos se acostumbraran a la superficie anaranjada, pero también que experimentaran una vida distinta. Lo que hicimos en Cañuelas no es algo que puedan replicar en Aruba», explicó. El argentino, que llegó a la isla hace más de dos décadas, destacó que su rol no solo fue técnico, sino también cultural. «El tenis en Aruba está en desarrollo, y yo hice lo que pude para que el equipo creciera», afirmó.

La llegada de Martínez marcó un antes y un después en el tenis arubés. Su labor no solo ayudó a la victoria en el playoff, sino que también generó un modelo de preparación que puede inspirar a otros países. En Cañuelas, la historia de un contenedor y una noche de -5° se convirtió en un testimonio de cómo la creatividad y la adaptación pueden transformar un torneo en una experiencia inolvidable.

La experiencia en Cañuelas no solo preparó a Aruba para el éxito en la Copa Davis, sino que también dejó una huella en la historia del tenis de la isla. Martínez, con su visión única, logró unir esfuerzo y tradición para construir una nueva generación de tenistas. Ahora, con el ascenso al Grupo III, el camino hacia el reconocimiento internacional parece más cerca.