Hace más de cincuenta años, un sociólogo descubrió un patrón que hoy sigue vigente: el que tiene más, tiene más. La frase «el dinero llama al dinero» que escuchaba de pequeño se convirtió en un fenómeno científico llamado «efecto Mateo». No es un invento de abuelos, sino una explicación precisa de cómo funciona la economía moderna.

De la Biblia a la ciencia

El término nació en el Evangelio de San Mateo (25:29), donde se describe que «al que tiene, se le dará más, y al que no tiene, se le quitará lo que tiene». Robert K. Merton, un sociólogo estadounidense, lo tomó en 1968 para explicar un fenómeno observado entre científicos: los más reconocidos recibían más crédito incluso cuando contribuían menos. Con ese ejemplo, transformó una frase religiosa en un análisis de cómo el éxito se concentra en pocos.

El capital rinde más que el trabajo

En economía, el efecto Mateo se expresa en un cálculo sencillo: si el capital (como acciones o propiedades) genera más rentabilidad que el salario, los que ya tienen riqueza crecerán más rápido. Thomas Piketty, economista francés, lo resumió con una fórmula: cuando el retorno del capital supera al crecimiento económico, la brecha entre ricos y pobres se agranda.

Por ejemplo, si un inversionista tiene un 8% de rendimiento anual en una bolsa al 5% de crecimiento económico, su patrimonio se multiplica. En cambio, un trabajador que gana un sueldo fijo verá su poder adquisitivo erosionarse. Esto no es teórico: un estudio de la Bank for International Settlements en Italia confirma que, entre 1991 y 2016, el 10% más rico obtuvo una rentabilidad de 2,75 puntos porcentuales más que el resto.

¿Por qué importa ahora?

El efecto Mateo no es solo un concepto académico. En la Argentina, donde la desigualdad persiste y el acceso a recursos es desigual, explica por qué ciertos sectores se consolidan mientras otros se quedan atrás. En tecnología, donde las startups o empresas con capital inicial pueden expandirse rápidamente, el fenómeno se intensifica. Quienes tienen capital pueden invertir en innovación, contratar talento y acceder a mercados, mientras los que no lo tienen luchan por sobrevivir.

Este ciclo se ve reflejado en la economía digital: plataformas con usuarios en millones generan ingresos exponenciales, mientras pequeños emprendedores se ven marginados. El efecto Mateo no solo reproduce desigualdades, sino que las agrava, creando un circuito cerrado donde el poder se concentra en manos pocas.

Entender el efecto Mateo es clave para abordar la desigualdad económica. Mientras el capital sigue generando más riqueza, las políticas públicas deben buscar formas de redistribuir oportunidades y evitar que el sistema se vaya a la deriva. La tecnología, por su parte, debe ser un motor de inclusión, no de exclusión.