Europa, afectada por el corte del suministro de gas ruso, busca ahora soluciones en el norte de África. La región ofrece una combinación de recursos naturales, terreno disponible y potencial para energías limpias. Marruecos lidera el esfuerzo con planes de generar 16 gigavatios en cinco años, apoyados por una inversión de 16.000 millones de dólares.

Túnez también se posiciona como clave en la transición, con metas de alcanzar el 50% de renovables para 2035. Ya licitó 2,3 gigavatios de eólica y solar, incluyendo la planta Sidi Bouzid II de 120 megavatios, que comenzó construcción en 2023. La conexión con Europa avanza con el cable submarino Elmed, de 600 megavatios y destinado a Sicilia.

Argelia, por su parte, planea integrar 15 gigavatios de renovables a su red para 2035, con un primer tramo de 3,2 gigavatios solares. Mientras tanto, proyectos como el Transahariano y el África-Atlántico, junto con la apuesta por hidrógeno verde como el ALTEH2A, consolidan al norte de África como un clúster energético clave.

Estos proyectos no solo ayudarán a Europa a reducir su dependencia energética, sino que también impulsionarán el desarrollo económico y tecnológico en el norte de África. La conexión entre continentes sigue siendo un desafío, pero las inversiones crecen como alternativa viable.