El Papa León XIV exigió humanidad a los líderes europeos para el tratamiento de la migración, destacando que «este drama debe convertirse en un examen de conciencia. Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».

La Unión Europea implementa el Pacto de Migración y Asilo, un marco legal que endurece el acceso a Europa, incrementa las deportaciones y establece campos de detención en terceros países. Las medidas buscan hacer más peligroso cruzar fronteras, aunque informes económicos reconocen que la inmigración es clave para mantener la población estable y su contribución al desarrollo.

La crisis migratoria de 2015, cuando más de un millón de personas huyeron de guerras en Siria, Afganistán e Irak, marcó el inicio de esta política. La combinación de crisis económica y migratoria impulsó el crecimiento de extremistas en Europa. Ahora, la estrategia busca externalizar la gestión de migrantes, con apoyo interno para países que reciben a los llegados.

Los objetivos del Pacto incluyen dificultar la llegada a Europa, elevar la tasa de deportados y crear centros de detención en países aliados. A pesar de la necesidad de inmigración para la economía europea, las políticas reflejan una postura más cerrada y dura hacia los migrantes.

La tensión entre el llamado humanista del Papa y las medidas restrictivas de Europa expone una contradicción: mientras se busca controlar las fronteras, se ignora el rol vital de la migración para el crecimiento. La decisión podría profundizar la polarización y el malestar en un continente acorralado por crisis económicas y sociales.