La Reserva Federal decidió mantener las tasas en 3,5%-3,75%, pero el debate interno reflejó desacuerdos sobre si aumentarían en 2026. Nueve miembros del FOMC anticiparon al menos una suba de 0,25 este año, mientras otros nueve creían en estabilidad o ajustes. El nuevo presidente, Kevin Warsh, evitó proyecciones futuras y destacó la falta de consenso en la reunión.

Trump criticó la decisión como «inusual» y apoyó al actual director, aunque expresó descontento con la postura de la Fed. En tanto, los mercados reaccionaron con caídas en acciones y aumento del dólar, mientras los bonos del Tesoro sufrieron ventas masivas.

La inflación en EE.UU. alcanzó 4,2% en mayo, su nivel más alto en tres años, lo que mantiene presión sobre las políticas monetarias. Warsh, crítico de la orientación prospectiva de la Fed, no ofreció gráficos de puntos, lo que generó incertidumbre sobre los próximos pasos.

La decisión refleja un equilibrio entre estabilidad y flexibilidad, pero el debate interno deja en claro la complejidad de navegar entre presión inflacionaria y crecimiento económico. La falta de guía clara incrementa la volatilidad en los mercados.