Un hacker logró sustraer más de la mitad de la versión digital del famoso cuadro «El beso» de Gustav Klimt, según reveló el museo Belvedere de Viena. El delincuente no se llevó el cuadro físico, sino su representación en NFT, un formato digital que prometía permitir a los compradores poseer una parte única de la obra.

El museo había dividido la imagen en 10.000 cuadrículas, cada una vinculada a un NFT. En 2022, vendió 2.500 tokens a un precio promedio de 1.850 euros, recaudando más de 4,6 millones de euros. Sin embargo, tras el auge inicial, el interés por los tokens se desvaneció, y quedaron a la venta 7.200 unidades.

El ladrón accedió a esos NFT desde la cartera digital del museo, lo que podría haber generado un daño teórico de 13,2 millones de euros. Sin embargo, el valor real de los tokens es menor. El Belvedere logró bloquear los NFTs y trabajar con expertos para investigar el robo. La plataforma OpenSea también impidió las operaciones.

Los tokens se vendían como «únicos», protegidos contra copias y aptos para mercados secundarios. Esta historia resalta la fragilidad de los activos digitales y la necesidad de medidas más seguras en el mundo del arte virtual.

El caso del Belvedere muestra cómo el arte digital, aunque innovador, puede ser vulnerable a riesgos cibernéticos. La pérdida de los NFTs no solo afectó la recaudación del museo, sino que también llamó la atención sobre la seguridad de los activos virtuales en un mercado aún en desarrollo.