En España, un joven agricultor revela la crisis de la falta de jóvenes en el campo pese a altos ingresos.
Joven agricultor español gana 70 euros diarios pero no halla jóvenes dispuestos a trabajar en el campo
Mario Selo, de 23 años, comparte su rutina en Instagram mientras enfrenta la escasez de mano de obra. Su experiencia refleja una tendencia europea: el campo se vuelve cada vez más desechado por las nuevas generaciones, a pesar de la rentabilidad.
La voz de Mario: un agricultor en redes
Mario Selo, de 23 años, vive en Madridejos (Toledo) y se dedica a cultivos leñosos como el pistacho, el olivo y la vid. Su cuenta de Instagram, @agr.selo, tiene casi 10.000 seguidores que lo siguen por su rutina de trabajo. «Gano 70 euros al día, pero no encuentro jóvenes españoles que quieran trabajar en el campo», confiesa en una publicación viral.
La situación lo lleva a combinar el campo con el comercio digital: administra una tienda online vinculada a la actividad agrícola, una estrategia que le permite llegar a nuevos mercados. Sin embargo, su desafío principal es el reclutamiento. «El campo no es un sueño para la juventud», explica, destacando que su labor es intensa y requiere compromiso, algo que muchos no asumen.
Una crisis estructural en el sector rural
La falta de jóvenes en el campo no es un fenómeno aislado. En Europa, la edad media de los agricultores es alrededor de 60 años, lo que refleja una generación que se retira sin sustitución. En España, la situación se agrava: el sector agrícola sigue siendo uno de los más productivos, pero su atractivo para los jóvenes es mínimo.
El problema se vincula a factores como la percepción del trabajo rural como poco moderno, la falta de oportunidades en el ámbito urbano y la ausencia de políticas que incentiven la vocación agrícola. Mario señala que, aunque las remuneraciones son decentes, la falta de planificación a largo plazo y el desinterés de los jóvenes lo convierten en una tarea casi imposible. «Es como si el campo estuviera olvidado», dice, aludiendo a la paradoja de un sector clave para la alimentación pero relegado en la agenda social.
Comparaciones con Argentina y una mirada global
A diferencia de países como Argentina, donde la agricultura es un pilar económico pero enfrenta problemas de abandono y desigualdad, en España la situación es inversa. Allí, el campo sigue siendo esencial, pero su imagen se ve afectada por la falta de incentivos y la migración de la población hacia ciudades.
Mario también compara su experiencia con otros agricultores de Europa, quienes enfrentan la misma escasez. «En Argentina, hay más interés en el campo, pero aquí la gente lo deja porque no ven una perspectiva», afirma. Esta dinámica revela una brecha entre el potencial del sector y la realidad de su atención social.
Entre la tradición y el futuro
La historia de Mario no solo refleja una elección personal, sino una lucha por preservar un modelo rural que ha sido tradicional en su región. Trabaja en explotación familiar, pero lo hace con una visión moderna: vende productos online y usa redes sociales para conectar con el público.
Sin embargo, su caso es raro. La mayoría de los agricultores de su edad no tienen acceso a recursos o información para emprender. «Es una carrera solo para los que están dispuestos a luchar», dice, resaltando que el campo no es una opción para muchos, sino una responsabilidad que exige esfuerzo y adaptación.
La situación de Mario Selo pone de relieve una crisis de talento en el campo europeo, donde la juventud no encuentra motivos para quedarse. Mientras el sector sigue siendo vital, su capacidad para innovar y atraer trabajadores se ve amenazada por una falta de visibilidad y políticas que lo respalden. La pregunta ahora es: ¿cómo transformar el campo en un espacio atractivo para los jóvenes sin perder su esencia?
Compartir nota