Kicillof enfrenta dilema electoral: cómo evitar filas en elecciones concurrentes que estudian en la provincia
El gobernador de Buenos Aires analiza dos opciones para las elecciones presidenciales: desdoblar la votación y perder apoyo o usar sistemas mixtos con riesgo de demoras. Una experiencia pasada en la Ciudad reveló los desafíos de este modelo.
En medio de la tensión electoral, Axel Kicillof se enfrenta a una decisión crítica: organizar las elecciones presidenciales en Buenos Aires sin generar largas filas o comprometer el apoyo de aliados clave. La provincia, que concentra más de un tercio de los votos nacionales, se convierte en el epicentro de una discusión que atraviesa el peronismo y el sistema electoral argentino. Las opciones son claras: desdoblar la votación para evitar colas o asumir el riesgo de demoras al integrar dos sistemas de sufragio, como la Boleta Única de Papel (BUP) y la lista sábana.
La experiencia fallida de Buenos Aires en 2023
El año pasado, la Ciudad de Buenos Aires fue la escena de una prueba de fuego para el modelo de elecciones concurrentes. El ex jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, llamó a una votación que combinaba la BUE (Boleta Única Electrónica) para autoridades locales y la lista sábana para candidatos nacionales. La estrategia, sin embargo, terminó en un boomerang. En las elecciones de agosto de 2023, las colas se alargaron hasta 40 minutos, y el resultado fue crítico: Larreta perdió las PASO contra Patricia Bullrich, incluso en la Ciudad, donde perdió 144.563 votos.
Las demoras generaron frustración entre los votantes, especialmente en barrios periféricos donde las urnas estaban ubicadas lejos de los centros de votación. Aunque el sistema permitió el acceso a dos niveles de participación, la logística falló al no anticipar la necesidad de reforzar el personal y la infraestructura. La lección fue clara: una elección concurrente sin plan de contingencia puede convertirse en un desastre institucional.
El éxito de Santiago del Estero en 2025
A diferencia de Buenos Aires, en Santiago del Estero las elecciones concurrentes de 2025 se convirtieron en un modelo exitoso. El Congreso aprobó el uso de la BUP en 2024, y en las elecciones de ese año se implementó un sistema híbrido que evitó colas prolongadas. La clave fue un trabajo previo: ajustar los padrón electoral, optimizar la distribución de urnas y coordinar las actividades de las diferentes fuerzas políticas.
En ese contexto, los partidos lograron acordar la distribución de urnas y el horario de votación, lo que redujo el impacto de la complejidad. La experiencia de Santiago del Estero demuestra que, aunque las elecciones concurrentes son un reto, son viables si se prevé la logística y se generan acuerdos entre las autoridades. Este modelo podría ser replicable en Buenos Aires, pero solo si se superan las dificultades de la provincia, como la fragmentación de los distritos electorales y la necesidad de unificar criterios entre los partidos.
La discusión en la provincia de Buenos Aires no solo afecta la logística electoral, sino que también influye en la dinámica política nacional. Si Kicillof opta por el sistema híbrido, el desafío será mantener la coordinación entre los intendentes aliados y garantizar que el proceso no se convierta en un factor de descontento. En cambio, si decide desdoblar la votación, deberá enfrentar el riesgo de desgaste institucional y la pérdida de apoyo entre los sectores que apoyan su candidatura.
La decisión de Kicillof no solo define el proceso electoral de 2025, sino que también revela la fragilidad del sistema electoral argentino frente a la complejidad de las elecciones concurrentes. La experiencia de Santiago del Estero ofrece una vía viable, pero solo si se prioriza la planificación y el consenso político. La provincia, sin embargo, sigue siendo un caso único por su tamaño y diversidad, lo que exige una estrategia cuidadosa para evitar que el sistema electoral se convierta en un obstáculo para la participación ciudadana.
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